Vistas de página en el último mes

Mostrando entradas con la etiqueta Artículos propios. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Artículos propios. Mostrar todas las entradas

viernes, 2 de abril de 2010

Artículos propios : Charada, en la ciudad de la luz y los sueños.


Desde el hotel de la Rue des Ecoles al guiñol del jardín de los Champs-Elysées, pasando deprisa por el mercado filatélico de Carré Marigny y repostando en Le Cochon à L´Oreille de Montmartre, un recorrido por el París de Audrey Hepburn y Givenchy es delicadeza pura. París, ciudad cinematográfica como pocas, almibarada por las incipientes canas de Cary Grant y la sonrisa fresca de Hepburn; tuvo un momento de gloria elegante cuando Stanley Donen decidió que The Unsuspecting Wife era un gran argumento para ponerse manos a la obra. Ver a Walter Matthau descorchando con impecable precisión un chateau y a George Kennedy resbalando por los inclinados tejados de un edificio cualquiera del Barrio Latino son adornos emblemáticos del sabroso gusto por la elegancia que derrocha Charada. Es más difícil vestir a una gran actriz que desnudarla. El modisto de Beauvais, Hubert de Givenchy, portento inspirado por Oxum, tapizó con bendita galanura a Regina Lampert, la esposa desconcertada, la mujer ideal para hacer del París cinematográfico algo más que una localización de exteriores.
El pelo recogido de Audrey Hepburn, que juega al compincheo con el espectador, mostrándonos su fino cuello y esos pendientes de perla redonda tan femeninos, sirve de hidalgo escudero a la fábrica del glamour.
Cena sobre el Sena, paseo por su ribera, bolas de helado de vanille y chocolat, rojo pasión y quién sabe si dos copas de Amer Picon. Pura esencia de París.
Con Charada, la luz y los sueños se mezclan, creando una ciudad tocada por el maravilloso perfume del amor eterno.
Y Regina Lampert se convierte en la maniquí animada de las más vergonzosas fantasías que todos los hombres llevamos dentro, colgadas del gancho de nuestra naturaleza.
París bien vale una Regina.

jueves, 4 de marzo de 2010

Artículos propios : Un logroñés universal (1926-2008).


Rafael Azcona escribía guiones porque le resultaba más fácil que escribir novelas. Y tan bien lo hacía que se le puede considerar cómo uno de los más brillantes guionistas en la historia del cine español. Logroñés de pura cepa, comenzó su andadura en una de las publicaciones más estridentes que ha dado el humor negro hispano, La Codorniz. "El Pisito", "El Cochecito", "Belle Epoque", "El Bosque Animado" y sobre todo "El Verdugo" nos muestran con claridad un tipo de sátirica mordaz y ácida, en donde los personajes parecen salidos del gran teatro del mundo, convencidos de su miseria y sin embargo tan humanos que aún quieren sonreir.
Todavía veo al gran Pepe Isbert intentando casar a la hija (Emma Penella) con un dubitativo empleado de pompas fúnebres que aunque reacio a heredar el oficio del suegro, debe luchar contra su conciencia para no perder el piso que el patronato le concede a cambio de estar casado y ejercer como verdugo patibulario.
Aquella película alumbrada por una fotografía en blanco y negro, obra de Tonino Delli Colli, que catapulta si cabe aún más la mordacidad de la historia, es un canto al humanismo, a la libertad y también una crítica a la doble moral y la crueldad del insensible poder político. Azcona construyó un guión en donde no hay espacio para el tedio, atrapando al espectador gracias a su magistral humor negro, tan ausente en el cine español actual.
Este riojano que se nos ha ido, no es sólo una gloria cinematográfica universal, sino también alguién que quiso poner su granito de arena para que todos seamos un poco más humanos, dejando de lado ideologías e intereses, y esculpiendo personajes y situaciones en clave de humanismo. Porque Azcona, guionista de guionistas, ha sido una personalidad inimitable dentro del mundo del cine. Ejemplo para muchos otros, que manejan su cine al servicio de unas ideas concretas.
Gracias Don Rafael, y descanse en paz.

(Publicado por vez primera en La Rioja Digital, el 25 de Marzo de 2008).

martes, 16 de febrero de 2010

ARTICULOS PROPIOS : LAS MANERAS DE LOS GOYA.


Hacía mucho tiempo que no me tragaba de cabo a rabo una gala de entrega de premios. El cine actual, que da contadas muestras de brillantez; se basa mucho en el glamour, en el poder de la imagen invasora de inocentes retinas en una actitud de violación a veces mentirosa. Porque el cine, amigo mío, ha sido siempre una exaltación del arte de mentir, de eso no hay duda. El cine nos hace soñar con mundos mejores y peores. Nuestra es la elección. Quién desea descender a los infiernos lo hace a través de historias apocalíticas, corrosivas e incendiarias. Por contra, el que quiere ascender a los cielos se cubre con el Mantón de Manila de las rosas nubes de la comedia romántica. Incluso aunque tenga que llorar para alcanzar la gloria. Llorar de emoción es un placer, de dolor un espanto.
Que el cine es mentiroso, es tema que da mucho juego. Lo cierto es que las alfombras rojas de los festivales y galas de entrega de premios son una muestra de glamour difícil de igualar. Mentiras piadosas, aunque sean con forma de zapatos de cenicienta por quince mil euros del ala. Vestidos de noche femeninos se funden con el blanco y negro masculino, el de siempre, el que catapultaba a Cary Grant cada vez que se vestía de tiros largos. Claro está que los tiempos han cambiado, amigo mío. Y ya los actores españoles, salvo benditas excepciones; prefieren vestir de moderno que anclarse en un pasado textil, reivindicando a través de la rebeldía un porte que no tienen. Santa manía la suya de embutir las piernas en estrechas tiras de tela, bien pegadas, terminadas en zapatos de punta afilada, cómo si las anchas perneras y los zapatos italianos ó levantinos de marca, los de toda la vida en bodas y bautizos familiares; fueran piezas antediluvianas.
La virilidad para los actores del cine español se mide en metros cuadrados de greñas, barbas mal cuidadas y obsceno desparpajo. Ni after shave, ni "Ruper, te necesito", ni espaldas rectas. Modelo tienda de campaña corporal. Todo flojo y torcido, que vende más.
Y esa otra tendencia, esa. La de mezclar chaqué con vaqueros. Un quiero y no puedo. Algo así como hacer un coupage de Chateau Latour con zumo de arándanos.
Las maneras de los cómicos, muchos sombreros de ala corta en el patio de butacas, sonrisas de medio lado en versión de golfo aldeano y maneras de desidia elegante, cómo si fuera de los platós siguieran construyendo personajes de esos que nos hacen soñar, reir y sufrir; son en su mayor parte un anacronismo, igual que si Charles Chaplin hubiese bajado todos los días a comprar prensa y pan disfrazado de Charlot ó John Wayne acudiera a buscar a sus retoños al colegio vestido de Ethan Edwards.
Muchos de ellos prefieren a Bela Lugosi, aunque en versión macarra.
Un anacronismo agresivo con la elegancia, con el respeto y con la propia profesión de actor, digna, gratificante y muy respetable.
Gary Cooper que estás en los cielos...!!!

lunes, 15 de febrero de 2010

ARTICULOS PROPIOS : UNA GRAN GALA.


Parece fácil ser alguna vez autocrítico. Incluso resulta un aliciente de humildad cara a los demás. La gala de los Premios Goya de 2010 resultó ayer una loa a la humildad por parte de un colectivo de hombres y mujeres del cine español, poco dados a agachar la cabeza. Cómo bien afirmó Alex De La Iglesia, actual presidente de la Academia española de cine; durante su excelente discurso, ha llegado el momento de dejar de mirarse el ombligo. Su claro ejemplo de autocrítica debe ser tenido en cuenta por ese grupo de "cómicos"(término usado por Javier Bardem para referirse a los actores y actrices) que parecen haber salido de un fanzine político underground y que por ende se pasan la vida reclamando, reivindicando y lanzando besitos a la cámara mientras piensan que grande es el destino por haberme hecho como soy.
Una soberbia gala de premios de cine la de ayer. Poco se le puede achacar. Tal vez sólo que sobran ya algunas caras repartiendo premios y empiezan a faltar otras. Ana Belén, por ejemplo. Su estela de productora cinematográfica no tendría que ser suficiente aval para seguir contemplando hasta la eternidad a la cantante de la ancha sonrisa citando el nombre de los ganadores. Se me ocurren más refrescantes alternativas, tales como la maravillosa y joven actriz María Valverde, (su ausencia en los puestos altos del organigrama de la gala es imperdonable), la colosal Bárbara Goenaga ó el caótico Julio Medem endulzado por su férrea seriedad.
Fue deliciosamente emocionante el recuerdo a los fallecidos, y el homenaje sincero al gran director Antonio Mercero, enfermo de Alzheimer; muy sincero por parte de todos y especialmente de Alex De La Iglesia, seguidor confeso de la obra del realizador guipuzcoano de nacimiento.
Sobró tal vez un poco de estruendo cuando Pedro Almodóvar apareció en el escenario, cómo si fuera él quien perdonaba no sé muy bien que ofensas, cuando en realidad tendría que haber acudido con el rabo más entre las piernas.
Elegante en comportamiento Fernando Trueba, más cabizbajo de lo deseado Alejandro Amenábar y más que merecidos premios a Luis Tosar, Lola Dueñas y Marta Etura, siendo el discurso de agradecimiento de la actriz guipuzcoana uno de los mejores de la noche.
Buenafuente estuvo distendido, alegre y divertido, provocando la sorpresa y la sonrisa en más de una ocasión. Tal vez cómo bien dijo al terminar, antes de recibir los disparos de gracia; no sería descabellado volver a contar con él como maestro de ceremonias en el futuro. Ya hay quién dice que ha sido la mejor fiesta del cine español de cuantas se han celebrado hasta la fecha. Me sumo a esa opinión.
En cuanto a comentarios me quedo con el del protagonista de Celda 211, el gallego Luis Tosar. Que nadie olvide que detrás de una gran interpretación, siempre hay como paso previo la creación de un gran personaje. Pues sin los grandes personajes, no hay grandes interpretaciones. Y en eso los guionistas y escritores en general, tienen mucha responsabilidad.
En cuanto a elegancia, me quedo con Goya Toledo, Aitana Sánchez Gijón, Natalia Verbeke y todos los hombres que lucieron camisa blanca. Una gala que de tal se precie tiene que ser masculinamente blanca, al menos en cuanto a camisa. Lo demás es digno de divisiones inferiores.
En resumen : un gran presidente de la Academia, un gran presentador y la esperanza de que el clan del cine español abra más su círculo y deje de ser un grupo cerrado, más preocupado por el ruido de las cacerolas que por la creación artística.
Que Viva siempre el Cine.

viernes, 11 de diciembre de 2009

ARTICULOS PROPIOS : El Cine como asignatura obligatoria.


Aún recuerdo, con la nostálgica sensación del chorizo de Pamplona saboreado con infantil ansia; las meriendas del sábado en casa de mi abuela paterna, una mujer peculiar que siempre vivía en el pasado. Eran ratos de placentera ensoñación cuando los programadores de nuestra televisión pública, en aquella remota época la única posible; eran hombres de buen gusto cinematográfico. De acuerdo que lo del gusto es ingrediente subjetivo, aunque nunca serán comparables las películas de John Ford, Henry Hathaway, George Sidney ó Jacques Tourneur con los telefilmes que en la actualidad pueblan con insolencia nuestras tardes sabatinas, surgiendo desde el televisor hasta narcotizar nuestras retinas.
A través de aquella nostálgica mirilla, los de mi generación aprendimos a valorar el cine, comprobando como Dardo Bartoli (Burt Lancaster) y Piccolo (Nick Cravat) desafiaban la gravedad una y otra vez, ejercitando peculiares piruetas mientras Anne de Hesse (Virginia Mayo) sonreía a la cámara complacida. Aprendimos valores primarios de la especie humana, apreciando la valentía de Andre Moreau (Stewart Granger) el mejor Scaramouche de la historia del cine. Cabalgamos junto a Ethan Edwards (John Wayne) por Monument Valley, buscando a la sobrina raptada por el Jefe Indio Cicatriz (Henry Brandon). Fuimos Peter Blood (Errol Flynn), espada en mano, besando con ternura masculina a Arabella Bishop (Olivia de Havilland). Viajamos por el mundo con Walter of Gurnie (Tyrone Power) acompañados del fiel arquero Tristram Griffin (Jack Hawkins) enamorados de la Rosa Negra (Cécile Aubry). Pasamos ochenta y cinco minutos de nuestras vidas solos ante el peligro, con el Marshall Will Kane (Gary Cooper) dando lecciones maestras de entereza y valor. Nos fuimos de safari con Sean Mercer (John Wayne) y Anna Maria D´Allesandro (Elsa Martinelli), silbando el Baby Elephant Walk de Henry Mancini. Cantamos My Rifle, My Pony and Me junto a Dude (Dean Martin), Colorado (Ricky Nelson) y Stumpy (Walter Brennan).
Aún hoy en día, traspasada la barrera de los cuarenta, llevamos prendidas de nuestro corazón la máscara de Diego, El Zorro (Tyrone Power) y la singular maestría justiciera de The Scarlet Pimpernel (Leslie Howard).
Todas aquellas experiencias construyeron en nuestro interior la forja de futuros cinéfilos confesos, al tiempo que nos enseñaban el valor de la amistad, la diferencia entre el bien y el mal, y dotaban nuestras mentes de un indudable gusto por el romanticismo, el amor y la nobleza.
Es evidente que este es el cine que yo quiero para mis hijos. Por eso, cuando llega la tarde del sábado, mientras meriendan su bocadillo de chorizo de Pamplona, rescato de mi videoteca personal aquellos títulos maravillosos y les doy una clase gratis de buen cine, de valores y principios. ¿Me comprenden ahora cuando digo que en los colegios el cine debería ser una asignatura obligatoria?.

Fotografía : cartel publicitario del film "The Mark Of Zorro", (Rouben Mamoulian,1940).

miércoles, 2 de diciembre de 2009

ARTICULOS PROPIOS : CADIZ Y EL CINE.



(Escrito por Juan Cuatrecasas Asua en La Voz Digital de Cádiz, el 18 de Abril de 2006).

La historia del cine tiene un hueco para Cádiz. De los astilleros gaditanos se conserva una serie de cortos documentales que muestran las botaduras de buques en la década de los años sesenta. Alguno de ellos cómo el titulado "Botadura del Buque Tanque Málaga" data de 1969, y fue operado por Ricardo Fernández Lasquetty. La botadura de un barco era por aquel entonces un acto social de especial relevancia en el que la madrina soportaba con decoro las miradas de admiración de sus conciudadanas. Pero buques aparte, la tacita de plata ha sido centro de rodaje en otras producciones más comerciales cómo Los Majos de Cadiz ( 1946 ) de Benito Perojo, interpretada por la colosal Imperio Argentina, basada en una novela del asturiano Armando Palacio Valdés; La Bella de Cádiz ( 1953 ) en cuyos fotogramas el dúo Carmen Sevilla-Luis Mariano lanzaban un emocionante guiño al género musical de época y los cortos documentales de Guillermo De la Cueva ( "Cadiz, señorita del Mar"-1974 y "Pueblos blancos de la Serranía de Cádiz"-1975 ). De Cádiz es Manolo Codeso, Juan Luis Galiardo e incluso el francés Jean Reno. En el Cádiz de Pemán, toca su guitarra Paco de Lucía, hijo de Algeciras. La guapa Ana Alvarez es gaditana también, y compite en belleza con la televisiva Esther Arroyo y con la expresiva Ruth Gabriel, ambas hijas de Cádiz. Y el Manolito Gafotas cinematográfico surgido de su hermano literario es hijo de madre gaditana, Elvira Lindo. Porque Cádiz como puntal artístico de Andalucia y de España, no olvida a sus hijos, las hermanas Flores (Lola y Carmen ) hijas de Jerez, a la voz Rocío Jurado, y a las más recientes no por ello menos ilustres Niña Pastori ó Sara Baras. Tampoco al gran Camarón, a la Paquera de Jerez ó al padre del Amor Brujo, Don Manuel de Falla.

Fotografía : cartel publicitario de la película "La Bella de Cádiz", dirigida en 1953 por Raimond Bernard y Eusebio F.Ardavín.

lunes, 20 de abril de 2009

ARTICULOS PROPIOS : LAS AZOTAINAS DE JOHN.






Dicen que John Ford; tal vez el director que mejor ha sabido retratar personajes y paisajes en toda la historia del cine, disfrutaba de lo lindo sentado en su silla de capitán de rodaje cuando Wayne, su "buque insignia", la emprendía a cachetes allá donde la espalda pierde su casto nombre, con sus compañeras de reparto. Hoy en día, aquellas inocentes azotainas cinematográficas, hubieran servido para que cualquier mal pensado, tildara a Ford, (y a Wayne por obediencia debida), de maltratador. Puede que incluso algún gobierno de progres tendencias hubiera cometido la osadía de censurar las escenas ó prohibir la exhibición de la película.
En The Quiet Man(1952), esa bella y colorista historia irlandesa, el personaje que crea John Wayne arrastra, en determinada fase del film, a Maureen O´Hara por los verdes campos de Innisfree, cómo troglodita de las cavernas. El trato que Sean Thornton dispensa a Mary Kate Danaher es a ratos pasional y hasta romántico, pero suele tornarse tosco, cómo el de un novio, que antes de la boda, pretende enseñar a la novia quién lleva puestos los pantalones. Ford juega con ese elemento, dandole un aire firme pero divertido, rural profundo aunque inocente. Dulce brusquedad, si cabe el calificativo.
Wayne, además, quedó inmortalizado en Donovan´s Reef(1963), azotando en la parte final de la película (un cuento colorista en clave de comedia en donde da la sensación que la espontaneidad juega a favor de la trama), a Elizabeth Allen; paliza con aires paterno-filiales que desemboca en un dulce y apasionado beso de amor conyugal.
El director Andrew MacLaglen, hijo de Victor,(actor amigo de Wayne habitual en el cine de Ford) y seguidor émulo del cine fordiano, quiso a buen seguro homenajear a su admirado maestro, en McLintock(1963), calcando las azotainas en una brillante escena entre los protagonistas George y Katherine, (Wayne-O´Hara).
En realidad, las azotainas fordianas, que siempre partían de las recias manos de John Wayne, eran antes que maltrato, divertidas parodias dentro de una relación amorosa, guiños de frescura en donde el varón trata de imponer su dominio conyugal con una reacción más propia de un pater corrector que de un esposo.
Porque Ford era un director sublime, un hombre de cine que buceaba en los sentimientos a través de la imagen, que sólo con la mirada de uno de sus personajes, perfectamente filmada; podía expresar más de lo que otros consiguen con gestos y onomatopeyas.
Ford reclamó siempre con su cine el lado más tradicional del ser humano : el pueblo y sus gentes, las tradiciones de las tribus indias y los colonos, el calor del hogar delante del brasero, la caricia y el azote, el beso y el puñetazo, la brusquedad y la dulzura, la solidaridad y la amistad inquebrantables, el vaso de whisky en buena compañía, la femeneidad y la masculinidad sin cortapisas, las puestas de sol y los amaneceres, el folklore y la alegría de vivir, la humildad y la comicidad. Las azotainas de John, sea Ford sea Wayne, no son violencia de género. Son una simple reivindicación del papel masculino en la familia tradicional, usadas mas como metáfora recurrente que cómo acto de agresividad gratuita. Porque el cine de John Ford, casi siempre, hay que saborearlo, "leyendo entre líneas".

Fotografías : 1.-The Quiet Man. 2.-McLintock. 3.-Donovan´s Reef. 4.-McLintock.