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lunes, 9 de noviembre de 2009

VATEL.


François Vatel no es personaje novelesco. Su identidad tiene que ver con la invención de la crema chantilly y con la organización de eventos reales, que realizaba según sus propios criterios de protocolo gastronómico. Educado bajo el mando del gran repostero francés Jehan Heverard, sirvió durante muchos años a Fouquet y al Principe de Cóndé, propietario del castillo de Chantilly, lugar en donde ante la ausencia de huevos fabricó por vez primera la famosa crema de su invención, usando leche recién ordeñada, nata y azúcar.
La película del director londinense Roland Joffé nos muestra a través de un digno ritmo narrativo la parte de la vida de Vatel, correspondiente a la visita real de Luis XIV a casa del militar arruinado Príncipe de Condé. En pleno litigio entre Francia y Holanda y ante la proximidad de una guerra, Condé (Julian Glover) pretende entusiasmar al Rey (Julian Sands) a través de los más que meritorios fastos ideados por el humilde pero muy profesional Vatel (soberbio Gérard Depardieu). Todo con el fin de ser elegido por el monarca como general responsable de la tropa francesa. La parte culinaria de Vatel no se muestra con demasiado detenimiento en la película,(con excepción de la costumbre de tomar el chocolate caliente con frutos rojos; como elemento más bien sensual; y de la escena en la que se inventa la crema chantilly) y es probable que sea ese el único demérito de Joffé. Por lo demás, la trama bien desarrollada y la presencia de Anne de Montausier (Uma Thurman) como elemento desestabilizador en la relación entre los personajes masculinos, consiguen hacer de Vatel una película digna de proyección.
El espacio que separa a Vatel de Anne es trazado por Joffé con deleite, buscando el resorte romántico, que si bien no llega a saltar en el esplendor justo, sí concede a la acción el camino correcto. Los malvados de la película son recreados con buenas artes por Tim Roth (Lauzun) y Murray Lachlan Young (Príncipe de Orleans), convirtiendo la existencia de las dos almas honestas del film, Vatel y Anne; en un calvario.
Vatel fue nominada al Oscar de Hollywood 2001 en el apartado de decorados y arte, aunque el premio fue a parar a manos de Timmy Yip por su trabajo en el film "Wo Hu Cang Long" (Ang Lee,2000).
Honesta y entretenida, hasta en lo que encierra de tragedia.

VATEL (2000). Director : Roland Joffé. Guión : Jeanne Labrune y Tom Stoppard. Música : Ennio Morricone. Fotografía : Robert Fraisse. Montaje : Noelle Boisson. Producción : Alain Goldman y Roland Joffé. Decorados y dirección artística : Françoise Benoit-Fresco,Jean Rabasse y Louise Marzaroli. Vestuario : Yvonne Sassinot de Nesle. Intérpretes : Gérard Depardieu, Uma Thurman, Tim Roth, Julian Glover, Julian Sands, Timothy Spall, Murray Lachlan Young, Arielle Dombasle, Marine Delterme y Féodor Atkine. 103´Color. Francia-UK-Bélgica. Légende Enterprises-Gaumont-Canal+-Nomad Films-TF1 Films Production-Timothy Burrill Productions.
Fotografía : Vatel y Anne, (Depardieu y Thurman), un amor imposible.

viernes, 23 de octubre de 2009

MALÈNA.


Cuando una actriz te clava la mirada, recorriendo el injusto espacio que separa la pantalla del patio de butacas, nace la leyenda. La curiosidad que embarga al espectador, involucrado en la trama a cambio de unas pocas monedas depositadas previamente en taquilla, suele transformarse en ansia, felicidad, melancolía, sosiego, temor ó lubricidad, según las pretensiones del libreto desarrollado. Los guiones funden nuestras retinas gracias a secuencias, que en muchos casos se convierten en iconos evocadores, en función de su condición y calidez. Conocí a Maddalena Scordia, una exuberante dama italiana con domicilio en la siciliana localidad de Montecuto, cuando la vi atravesar, armada de sensualidad y equilibrados contoneos, la periferia del pueblo. En pocos segundos fui capaz de describirla cerrando los ojos. La bella y lozana Malena se convirtió así en la dama cinematográfica de culto. El imberbe Renato Amoroso, niño aún; tampoco es capaz de apartar su mirada de la estentórea mujer. Las curvas de Malena y el firme e intuido glúteo obsesionan al infante, que reconoce en ella a su primer amor platónico.
El cine italiano ha expresado con absoluta brillantez las beldades femeninas en consonancia con historias emocionantes, comedias rurales tañidas por las campanas del pueblo; que desprenden aromas relajantes de heno, olores a pan recién horneado y miel de abeja. De ese modo, las anatomías espléndidas de féminas nacidas para servir de modelo sensual, se han mostrado con generosidad ante la anhelante mirada del público. La picaresca, en literatura muy relacionada con España, ha tenido en el cine italiano su mayor valedor. Pizpiretas chicas rurales ataviadas con el corte textil adecuado para no resultar ofensivas, que incitaban a un sano sentimiento de deseo, sugiriendo escotes y exhibiendo partes nobles de su cuerpo, muslos y hombros en mayor medida. Varones astutos, que hicieron arte el dicho de "prometer hasta meter, y una vez metido, olvidar lo prometido". Paisajes lombardos, napolitanos y parmesanos, aderezados con el donaire primaveral de bellas doncellas en edad de flirteo.
El argumento de Malena nos presenta al matrimonio Scordia, que debe separarse cuando Nino (Gaetano Aronica), el marido; es reclutado para defender a su país en la segunda guerra mundial. La esposa, Malena (Monica Bellucci); queda sola, expuesta a los comentarios y envidias de los habitantes de un pequeño pueblo de la Sicilia más profunda. Las lugareñas repudian a la exuberante mujer, cuya belleza brota a borbotones cada vez que sale de su casa y atraviesa con paso firme y mirada esquiva, las pétreas callejas de la localidad. Los hombres, en cambio; fantasean contemplando a la escultural Malena. Fruto de la calumnia nace la leyenda de la esposa infiel, y el acoso y derribo va ganando terreno. Es entonces, cuando la protagonista se convierte en víctima de sus necesidades de supervivencia. Los ojos del niño Renato (Giuseppe Sulfaro) nos sirven de guía, haciéndonos partícipes de una historia injusta, truculenta, aunque romántica en su esqueleto. Un día, alguien notifica a Malena la muerte de su esposo en el campo de batalla. Los acontecimientos se precipitan. La escena de la pública lapidación, ejecutada por una horda de almas delirantes; evoca pasajes bíblicos. El niño Renato vive con impotencia la inculpación y el castigo ejemplarizante. Pero, poco después; el esposo, al que todos daban por fallecido; regresa al hogar, inmerso en una profunda depresión surgida por las lacerantes vivencias bélicas.
La historia de Luciano Vincenzoni, deslizada en imágenes con maestría por el director sicilino Giuseppe Tornatore, reivindica la intemperancia italiana, manifestada con antelación con el auxilio visual de cimbreantes complexiones femeninas que desfilaron por las pantallas de medio mundo, lanzando a la fama a actrices de la talla de Sophia Loren, Silvana Mangano, Claudia Cardinale ó Gina Lollobrigida. Tornatore sigue aquella senda, convirtiéndo a la actriz Monica Bellucci en legítima heredera.
La narrativa visual del cineasta italiano se basa en una colección de detalles evocadores, traslúcidos y bañados por la ingenuidad infantil. De mismo modo que en "Nuovo Cinema Paradiso"(1989), convertía en protagonista de un cuento cinéfilo a un niño siciliano, en Malena recurre a los criterios de equidad de un mozalbete para plasmar la irracionalidad de los adultos. Así, los recuerdos de la infancia nos asaltan, reconociéndonos en parte en el personaje de Renato, pues todos tuvimos un primer amor inaccesible, una musa adulta a la prestamos especial atención, sin importarnos en el rincón más íntimo de nuestro corazón, la diferencia de edad.
Tornatore construye una estampa alegórica, en la que los personajes exteriorizan sentimientos repletos de controversia, aunque profundamente humanos.
Destaca la banda sonora del inevitable Ennio Morricone, cuyas notas parecen revolcarse a gusto entre los fotogramas, cómo si el solfeo surgiera de un modo espontáneo en cada escena, amparado por el percutir de las muescas del cilindro rodante de una caja musical. Malena es, en resumen; un altar epicúreo creado para ensalzar el fino erotismo, criticando sin tapujos la hipocresía y la envidia malsana de quienes dedican su aburrida existencia a prejuzgar los comportamientos del prójimo, alimentando la calumnia y alcanzando con el desenlace, la tragedia.
Una obra maestra.

MALENA (2000). Dirección : Giuseppe Tornatore. Guión : Giuseppe Tornatore, basado en una historia de Luciano Vincenzoni. Música : Ennio Morricone. Fotografía : Lajos Koltai. Montaje : Massimo Quaglia. Producción : Carlo Bernasconi y Harvey Weinstein. Vestuario : Maurizio Millenotti. Diseño de producción : Francesco Frigeri. Intérpretes : Monica Bellucci, Giuseppe Sulfaro, Luciano Federico, Matilde Piana, Pietro Notarianni y Gaetano Aronica. 109´Color. Italia-EE.UU. Medusa Produzione-Miramax Films-Pacific Pictures-Tele+
Fotografía : Malena (Bellucci) seduce al joven Renato (Sulfaro).

viernes, 5 de junio de 2009

FRANTIC.


Richard Walker (Harrison Ford), prestigioso médico nortamericano viaja hasta París en compañía de su esposa Sondra (Betty Buckley) con dos ideas en la cabeza : dar una charla magistral en un congreso de cirugía y rememorar su viaje de novios. Para sopresa del galeno, pocos instantes después de su llegada al hotel, su esposa desaparece de la habitación mientras él se afeita después de gozar de una reparadora ducha. Al principio piensa que su mujer ha bajado a recepción, pero según transcurren las horas, descubre que ha sido secuestrada por un desconocido grupo de árabes. Una explosiva joven francesa llamada Michelle (Emmanuelle Seigner), involucrada en la historia por haber servido de correo internacional a islámicos intereses portando en su maleta de viaje un detonador nuclear con aspecto de artilugio eléctrico intrascendente; ayudará al desconcertado Walker en sus desvelos por dar con el paradero de su esposa. La confusión de maletas genera el error de identidades y aunque la gendarmería, alertada por la seguridad del hotel; cree en una aventura romántica extramarital de la señora Walker, finalmente intuirá que tras la desaparición se esconde una trama de mayor empaque.
Frantic es una película con visera de thriller suspensivo, en donde se mezclan la sensualidad desbordante de la Seigner con el arrojo prototipo de un hombre acorralado por las circunstancias, en una ciudad cuyo idioma desconoce y la que todo el mundo le toma por lo que no es : un esposo engañado y un intelectual cobarde e incapaz de lidiar con la violencia. El laberíntico enredo y la firmeza de Ford con su interpretación hacen de esta película un relato apabullante, escenificado con un ritmo vertiginoso, gracias al que el espectador se siente conmovido por la peripecia del doctor.
La categoría de director que esgrime Roman Polanski emerge en cada secuencia, dejándose notar de un modo categórico en la parte final, cuando Walker y Michelle acuden al intercambio bajo un puente en la rivera del Sena. Seigner, esposa en la vida real de Polanski, se emplea a fondo, demostrando que detrás de una lindeza femenina se esconde una notable intérprete. Sus carreras por las calles parisinas, calzada con zapatos de tacón son excusa indudable para convertir a la atolondrada e insustancial Michelle en un ingrediente explosivo para el devenir de la trama.
Es destacable también la acertada interpretación que de la canción del platense Astor Piazzolla "I´ve Seen That Face Before-Libertango", realiza Grace Jones, decorando la película con un afrancesado efecto musical.
Siempre se dijo que Polanski posee innegables influencias del cine de Hitchcock, y es evidente que en Frentic se delatan retazos de Torn Curtain y North by Northwest, con visibles paralelismos entre Walker (Ford) y Armstrong (Newman) ó Thornhill (Grant).
Lo que salva a Polanski de otros copiones del maestro del suspense es una gran dosis de criterio personal, más allá del recurrente y poco original plagio escénico que inunda otras películas que se terminan vendiendo como homenajes a Hitchcock.
Interesante, como casi todas las obras del realizador franco-polaco.

FRANTIC (1988). Director : Roman Polanski. Guión : Gerard Brach y Roman Polanski. Música : Ennio Morricone. Fotografía : Witold Sobocinski. Montaje : Sam O´Steen. Vestuario : Anthony Powell. Producción : Tim Hampton y Thom Mount. Intérpretes : Harrison Ford, Emmanuelle Seigner, Betty Buckley, Dominique Virton, Gerard Klein, Dominique Pinon y John Mahoney. 120´Color. Francia-EE.UU. Warner Bros Pictures-The Mount Company.
Fotografía : El Doctor Walker (Ford) y la sensual Michelle (Seigner) escapan por los tejados de París.