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jueves, 11 de junio de 2009

WAR AND PEACE.


Leon Tolstoi es reconocido como uno de los mejores novelistas europeos del siglo diecinueve. Ruso y pacifista convencido, escribió War and Peace entre 1865 y 1869, año este de su publicación.
La novela nos sumerge en plena invasión napoleónica del Imperio Ruso, a través del testigo de varias familias aristocráticas de la era del Zar Alejandro I.
La famosa obra de Tolstoi sirvió de referencia para crear una magnífica película, rodada en Italia; cuyo guión fue construido por un equipo de ocho integrantes, entre los que se encontraban el realizador del film, King Vidor; y el prolífico director romano Ennio De Concini, ambos esmerados autores de libretos para la gran pantalla.
War and Peace tuvo tres nominaciones a los Oscar de Hollywood en 1957 : director, vestuario y fotografía, aunque finalmente se quedó a las puertas del éxito.
El valor inmortal de esta versión del clásico literario de Tolstoi reside en una excelente estructura narrativa, en la soberbia actuación de un colosal reparto, en la maravillosa fotografía del inglés Jack Cardiff, y en la sensación general que transmite de pura artesanía cinematográfica.
Colosales las escenas del duelo al amanecer entre Pierre Bezukhov (genial Henry Fonda) y Dolokhov (convincente Helmut Dantine), con la nieve de los campos rusos y el sol pugnando en una danza visual de gran estética. Magníficas también las tomas de la retirada del ejército francés, con los prisioneros arrastrándose entre barro, nieve y frío. Vidor borda con estupenda disposición las escenas bélicas, cómo si estuviera jugando con soldados de plomo sobre la gran mesa de rodaje.
El director tejano ensalza con benditos primeros planos la luminosidad facial de Audrey Hepburn (eterna Natasha Rostova), cuya personalidad sabe destacar y describir con gran firmeza.
No pasan desapercibidas las soberbias caracterizaciones del actor austriaco Oscar Homolka (General Kutuzov) y del checo Herbert Lom (Napoleón Bonaparte).
Impecables Vittorio Gassman ejerciendo el rol del conquistador interesado Anatol Kuragin, que llega a poner en peligro el honor de la cándida Natasha; Mel Ferrer modelando al circunspecto Andrei Bolkonsky, Anita Ekberg (sibilina y muy sensual Helene Kuragina) y Barry Jones (Mikhail Rostov).
War and Peace aporta la consistencia de las grandes producciones, maravillando con destellos de romanticismo, usando diálogos comedidos que en pocas ocasiones resultan empalagosos; y premiando las retinas del espectador con una justa plasticidad que recrea con elegancia el ambiente de la Rusia Imperial.
Pasión, traición, amistad, fidelidad, amor sincero, dolor, vida y muerte, sangre sudor y lágrimas, valentía y cobardía, glamour y distinción, honor y deshonor. Todos los principios que hacen del ser humano la más elevada de las criaturas de Dios, pero también, a veces; la más rastrera.
Gran trabajo en el apartado de vestuario, a cargo de la italiana María De Matteis, y adecuada banda sonora planteada con la habitual genialidad del lombardo Nino Rota.
Para degustar fotograma a fotograma, hipnotizados con los bailes de salón, la ampulosidad del mobiliario palaciego, los uniformes militares, la blanca nieve rusa, las joyas y los preciosos vestidos de gala y todos los detalles del prodigioso universo que crean Vidor y todo su equipo de rodaje.
Les Roses de Novgorod seguirán emocionándonos eternamente.
Puro sentimiento, épica ejemplar.

WAR AND PEACE (1956). Director : King Vidor. Guión : King Vidor, Ennio De Concini, Bridget Boland, Robert Westerby, Mario Camerini, Ivo Perilli, Gian Gaspare Napolitano y Mario Soldati, basado en la novela de León Tolstoi. Productor : Dino De Laurentiis. Música : Nino Rota. Fotografía : Jack Cardiff. Vestuario : María De Matteis. Dirección artística : Mario Chiari. Montaje : Leo Cattozzo.
Decorados : Piero Gherardi. Coreografía : Auriel Millos. Intérpretes : Henry Fonda, Audrey Hepburn, Mel Ferrer, Vittorio Gassman, Anita Ekberg, Herbert Lom, Oscar Homolka, Helmut Dantine, Tullio Carminati, Barry Jones, Lea Seidl, Anna María Ferrero, Wilfrid Lawson, John Mills y May Britt. 208´Color. Italia-EE.UU. Paramount Pictures-Ponti De Laurentiis Cinematográfica.
Fotografía : Natasha (Hepburn) y su eterno protector y callado admirador Bezukhov (Henry Fonda), una pareja que se acerca, se distancia y vuelve para no separarse.

jueves, 4 de junio de 2009

THE LADYKILLERS.


William Rose forjó la hilarante idea, y posteriormente el guión de una de las comedias más divertidas de la historia del cine británico. Un individuo exagerado en prolijidad, Profesor Marcus, (impresionante trabajo de caracterización a cargo del genial Alec Guinness), se establece en régimen de inquilinato en casa de una venerable anciana, Louisa Wilberforce,(no menos colosal Katie Johnson). Lo que parece ser un contrato usual entre dos partes, encierra en realidad mucho más que un simple alquiler de habitación. Marcus es un delincuente fichado por la policía, que se dedica a preparar atracos con el auxilio de una banda. De hecho, al poco de instalarse en la casa, recibe la visita de sus compañeros de tropelías, Claude (Cecil Parker), Harry (un principiante Peter Sellers), One Round (Danny Green) y el recién incorporado al grupo Louis, (caricatamente siniestro Herbert Lom). Marcus ha trazado un plan que parece perfecto, a través del que lograrán atracar un furgón transporte de fondos, burlando a la policía gracias a la involuntaria ayuda de la anciana. El quinteto se hace pasar por un grupo de música clásica, y tras apoderarse de la inocente confianza de la señora Wilberforce, comenzarán a desarrollar su premeditado proyecto delictivo. Todo va bien hasta que las cosas se complican a causa de los comportamientos espontáneos de la anfitriona, que resulta no ser tan cándida como ellos creían.
La clave del film, dirigido por Alexander Mackendrick, además de un consistente libreto, reside en la irrepetible legión de actores que dan vida a los personajes. Colección suculenta de caracteres : la anciana despistada, que termina agotando la paciencia de cualquiera que se cruce en su camino y que maneja perfectamente un perfil de octogenaria inocencia, casi infantil. El delincuente maniático lleno de rictus nerviosos al que Guinness dibuja primero con perfidia para luego darle un toque más divertido. El ladrón bonachón, orondo y galante, cobijado bajo la personalidad falsa de militar retirado. Un ratero sin cerebro con perpetúo aspecto de boxeador, bestia pero con buen corazón. El siniestro asesino de gabardina negra y sombrero ladeado, que porta un afilado cuchillo en su bolsillo. Y por último, el quinto en discordía, el indefinido, burlón y comediante, que parece haber caído del cielo en paracaídas ó ser el elefante que se abre paso por una cacharrería.
El Minueto de Boccherini que se ajusta con acierto absoluto al relato, intensifica el nivel de enredo, planteando el poder del clasicismo musical como ingrediente de valor en el cine.
También la fotografía del checo Otto Heller y la dirección artística del londinense Jim Morahan colaboran a crear un producto de eficiente calidad.
Fino humor inglés, con secuencias inolvidables, cómo el diálogo entre la anciana y Marcus, cuándo este, nada más llegar a la casa observa que los marcos de la pared están torcidos, intentando ponerlos rectos y ante la imposibilidad de lograrlo, cesa en el empeño. Miss Wolberforce, que ha presenciado la escena le dice que están así por las conmociones. El nervioso inquilino le pregunta a qué se refiere exactamente cuando usa esa palabra. Ella le contesta que las conmociones son los bombardeos producidos durante la guerra.
El desenlace final con los cinco delincuentes fuera de combate, y la anciana acudiendo a la policía para entregarse aquejada de un sentimiento de culpabilidad inyectada con intención por los desaprensivos, no tiene desperdicio.
Tampoco pasa de largo el dibujo de la eliminación de uno de los rufianes. Lo que en otro tipo de género sería narrado con violencia, en el film de Mackendrick se desliza como si los personajes estuvieran inmersos en un episodio de dibujos animados. En ese sentido, es especialmente gracioso el final de Marcus, que golpeado por una palanca ferroviaria, cae desde lo alto de un vagón de tren.
Una pequeña joya del cine inglés, sugerente y delirante, descriptiva y bañada por un fino y decoroso humor negro.
Muy recomendable.

THE LADYKILLERS (1955). Director : Alexander Mackendrick. Guión : William Rose. Música : Tristram Cary. Montaje : Jack Harris. Fotografía : Otto Heller. Dirección artística : Jim Morahan. Producción : Michael Balcon y Seth Holt. Vestuario : Anthony Mendleson. Intérpretes : Alec Guinness, Cecil Parker, Katie Johnson, Herbert Lom, Peter Sellers, Danny Green, Jack Warner y Helene Burls. 91´Color. UK. Ealing Studios.
Fotografía : Katie Johnson y Alec Guinness posan en un descanso del rodaje.