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viernes, 5 de febrero de 2010

RETRATOS DE CINE : Oscar Homolka & Michael Caine.


Fotografía : los actores Oscar Homolka y Michael Caine en una escena del film "Billion Dollar Brain", dirigido en 1967 por Ken Russell.

BILLION DOLLAR BRAIN.


Basada en una novela del escritor inglés Leonard Cyril Deighton, autor prolífico de libros de cocina y novelas de espías; Billion Dollar Brain es producto de una época, en la que el cine buscaba cierta brillantez a través de personajes bañados de un cierto toque de antiheroismo grotesco. Harry Palmer, detective interpretado por el gran actor londinense Michael Caine, es un individuo incapaz de afrontar las acometidas agresivas de cualquier matón que le sale al paso, perdedor perdido entre grupos enfrentados, huidizo ante las insinuaciones femeninas, pero siempre amigo de sus pocos amigos. Palmer es un solitario, incómodo en las distancias cortas, que hace de la astucia su principal mérito. Conocedor de la esencia humana, de las miserias de los hombres y mujeres que le rodean, parece vivir a medio camino entre el bien y el mal, aunque se encuentre situado por encima de ellos.
Caine representa con deleite un rol muy matizado, y lo hace enfrentándose al interesado Leo Newbigen (sensacional Karl Malden), a la sibilina Anya (exquisita Françoise Dorléac) y al estridente Midwinter (apabullante Ed Begley), y recibiendo la incontestable comprensión del rotundo y divertido Stok (genial Oscar Homolka).
Los paisajes gélidos de Helsinki y la grandiosidad de la Uspenski Cathedral y el Turku Castle colaboran en blindar a Billion Dollar Brain contra la mediocridad.
Puede que la exageración del hilo argumental con el radical Midwinter lanzando proclamas contra el comunismo ó el termo con los huevos rellenos de virus letales que va pasando de mano en mano sea un anacronismo, visto desde el presente, aunque entendiendo Billion Dollar Brain como una peculiar película de espías, la impresión es satisfactoria. Tiene momentos de lucidez, y por contra escenas poco logradas, como la del hundimiento del ejército blanco de Midwinter en el hielo, que resulta en exceso aparatosa. Lo cierto es que el film de Russell posee ciertos atisbos pop que lo facultan como un tesoro del pasado, digno de contemplarse con la comprensión hacia los efectos del apolillamiento estético.
Pequeño papel para un principiante Donald Sutherland.
Sin duda es una película de espías sin más fondo que lo visible, aunque con suficientes cimientos como para concederle un meritorio aprobado.

BILLION DOLLAR BRAIN (1967). Director : Ken Russell. Guión : John McGrath, basado en una novela de Len Deighton. Música : Richard Rodney Bennett. Montaje : Alan Osbiston. Fotografía : Billy Williams. Producción : Harry Saltzman. Intérpretes : Michael Caine, Karl Malden, Françoise Dorléac, Ed Begley, Oskar Homolka, Guy Doleman, Milo Sperber, Iza Teller y Donald Sutherland. 111´Color. UK. Lowndes Productions Limited-Jovera SA.
Fotografía : el detective Harry Palmer, hombre de corn flakes y pistola en ristre, (Michael Caine).

jueves, 29 de octubre de 2009

THE WHITE TOWER.


Ascender a una gran montaña, hollar la cima; es un ejercicio que tiene muchos puntos en común con la vida misma. Es lo que pretende mostrar el realizador californiano Ted Tetzlaff en esta The White Tower, película rodada en los Alpes franceses en 1950.
Lo más reseñable del film, junto a la colección de personajes variopintos que se dibujan; es el simbolismo que esbozan sus responsables, comparando el ejercicio del alpinismo, con el devenir por los pedregosos caminos de la existencia humana. Tetzlaff pinta un amplio conjunto de caracteres : desde la joven guapa y audaz Carla Alton (Alida Valli) que pretende alcanzar la cima de la montaña para homenajear a su padre, fallecido en la misma tras un accidente de alpinismo; hasta el alemán Hein (magistal interpretación de Lloyd Bridges) un prepotente nazi que choca con la unidad del resto del grupo, pasando por el fracasado y proceloso Paul Delambre (Claude Rains) víctima del alcohol y de su propia incertidumbre vital. Es probable que Glenn Ford, en realidad protagonista de la historia; realice el trabajo menos sólido, convertido en un hombre enamorado y un tanto artificial. Su personaje, Martin Ordway; no resulta demasiado creíble.
Bien fotografiada por Ray Rennahan, The White Tower no es probablemente un título legendario, aunque no hay que negarle un valor relativo, por ser una historia que utiliza el simbolismo de una ascensión montañera para hablarnos de la vida, que no es en el fondo, sino una senda con altos y llanos que hay que acometer para sobrevivir.
Curioso ver a Hein (Bridges) practicando el alpinismo con sus piernas al aire y temperaturas bajo cero.
Interesante.

THE WHITE TOWER (1950). Director : Ted Tetzlaff. Guión : Paul Jarrico, según una novela de James Ramsey Ullman. Música : Roy Webb. Fotografía : Ray Rennahan. Montaje : Samuel E.Beetley. Producción : Sid Rogell. Intérpretes : Glenn Ford, Alida Valli, Claude Rains, Lloyd Bridges, Cedric Hardwicke, Oskar Homolka y Lotte Stein.
98´Color. EE.UU. Rko Radio Pictures.
Fotografía : primer plano de Alida Valli (Carla Alton) con gafas de alpinismo.

jueves, 11 de junio de 2009

WAR AND PEACE.


Leon Tolstoi es reconocido como uno de los mejores novelistas europeos del siglo diecinueve. Ruso y pacifista convencido, escribió War and Peace entre 1865 y 1869, año este de su publicación.
La novela nos sumerge en plena invasión napoleónica del Imperio Ruso, a través del testigo de varias familias aristocráticas de la era del Zar Alejandro I.
La famosa obra de Tolstoi sirvió de referencia para crear una magnífica película, rodada en Italia; cuyo guión fue construido por un equipo de ocho integrantes, entre los que se encontraban el realizador del film, King Vidor; y el prolífico director romano Ennio De Concini, ambos esmerados autores de libretos para la gran pantalla.
War and Peace tuvo tres nominaciones a los Oscar de Hollywood en 1957 : director, vestuario y fotografía, aunque finalmente se quedó a las puertas del éxito.
El valor inmortal de esta versión del clásico literario de Tolstoi reside en una excelente estructura narrativa, en la soberbia actuación de un colosal reparto, en la maravillosa fotografía del inglés Jack Cardiff, y en la sensación general que transmite de pura artesanía cinematográfica.
Colosales las escenas del duelo al amanecer entre Pierre Bezukhov (genial Henry Fonda) y Dolokhov (convincente Helmut Dantine), con la nieve de los campos rusos y el sol pugnando en una danza visual de gran estética. Magníficas también las tomas de la retirada del ejército francés, con los prisioneros arrastrándose entre barro, nieve y frío. Vidor borda con estupenda disposición las escenas bélicas, cómo si estuviera jugando con soldados de plomo sobre la gran mesa de rodaje.
El director tejano ensalza con benditos primeros planos la luminosidad facial de Audrey Hepburn (eterna Natasha Rostova), cuya personalidad sabe destacar y describir con gran firmeza.
No pasan desapercibidas las soberbias caracterizaciones del actor austriaco Oscar Homolka (General Kutuzov) y del checo Herbert Lom (Napoleón Bonaparte).
Impecables Vittorio Gassman ejerciendo el rol del conquistador interesado Anatol Kuragin, que llega a poner en peligro el honor de la cándida Natasha; Mel Ferrer modelando al circunspecto Andrei Bolkonsky, Anita Ekberg (sibilina y muy sensual Helene Kuragina) y Barry Jones (Mikhail Rostov).
War and Peace aporta la consistencia de las grandes producciones, maravillando con destellos de romanticismo, usando diálogos comedidos que en pocas ocasiones resultan empalagosos; y premiando las retinas del espectador con una justa plasticidad que recrea con elegancia el ambiente de la Rusia Imperial.
Pasión, traición, amistad, fidelidad, amor sincero, dolor, vida y muerte, sangre sudor y lágrimas, valentía y cobardía, glamour y distinción, honor y deshonor. Todos los principios que hacen del ser humano la más elevada de las criaturas de Dios, pero también, a veces; la más rastrera.
Gran trabajo en el apartado de vestuario, a cargo de la italiana María De Matteis, y adecuada banda sonora planteada con la habitual genialidad del lombardo Nino Rota.
Para degustar fotograma a fotograma, hipnotizados con los bailes de salón, la ampulosidad del mobiliario palaciego, los uniformes militares, la blanca nieve rusa, las joyas y los preciosos vestidos de gala y todos los detalles del prodigioso universo que crean Vidor y todo su equipo de rodaje.
Les Roses de Novgorod seguirán emocionándonos eternamente.
Puro sentimiento, épica ejemplar.

WAR AND PEACE (1956). Director : King Vidor. Guión : King Vidor, Ennio De Concini, Bridget Boland, Robert Westerby, Mario Camerini, Ivo Perilli, Gian Gaspare Napolitano y Mario Soldati, basado en la novela de León Tolstoi. Productor : Dino De Laurentiis. Música : Nino Rota. Fotografía : Jack Cardiff. Vestuario : María De Matteis. Dirección artística : Mario Chiari. Montaje : Leo Cattozzo.
Decorados : Piero Gherardi. Coreografía : Auriel Millos. Intérpretes : Henry Fonda, Audrey Hepburn, Mel Ferrer, Vittorio Gassman, Anita Ekberg, Herbert Lom, Oscar Homolka, Helmut Dantine, Tullio Carminati, Barry Jones, Lea Seidl, Anna María Ferrero, Wilfrid Lawson, John Mills y May Britt. 208´Color. Italia-EE.UU. Paramount Pictures-Ponti De Laurentiis Cinematográfica.
Fotografía : Natasha (Hepburn) y su eterno protector y callado admirador Bezukhov (Henry Fonda), una pareja que se acerca, se distancia y vuelve para no separarse.

lunes, 25 de mayo de 2009

BALL OF FIRE.


Lo que más llama la atención de Ball of Fire es sin lugar a dudas la exquisita gama de diálogos que contiene, con rulos, giros, bucles, y juegos de palabras. Después aparece la no menos exquisita Barbara Stanwyck, representando a la reina del burlesque Katherine "Sugarpuss" O´Shea, y la comedia se hace arte. Arte en frescura y simplicidad, demostrando a los cineastas de nuestros días que para atrapar la atención y la euforia del espectador no son precisos fuegos artificiales, sino más bien mucha profesionalidad. Pocas como la Stanwyck son capaces de almibarar las retinas. Escasas fueron las que se apoderaban de la escena con la elegancia de la actriz de Brooklyn, con un poderio físico inconmensurable, ejecutando con soberbio donaire movimientos maravillosos, caminando, riendo y bailando. Pocas actrices dominaban como Stanwyck la precisión escénica, hablando con el cuerpo.
Ball of Fire nos presenta a ocho académicos, hombres de arte y ensayo, reunidos por una fundación (creada por un tal Totten, inventor del tostador eléctrico de pan), para escribir una gran enciclopedia. Entre el grupo de vetustos sabios, se encuentra el joven profesor Bertram Potts (Gary Cooper), especialista en gramática, que tras meses de trabajo, observa con asombro cómo la sociedad norteamericana de la época utiliza otro lenguaje paralelo al académico, que no conoce y que se apresta a investigar con el fin de reflejarlo en la enciclopedia. Para ello sale de las cuatro paredes de la biblioteca en donde ha estado trabajando en compañía de los siete sabios restantes y explora los rincones de la ciudad de Nueva York, pescando gentes y expresiones con las que perfeccionar su estudio y acomodarlo a los nuevos tiempos. Por el camino y en la profunda sima de un club nocturno conoce a Sugarpuss, una muchacha relacionada con la mafia, que canta con la misma calidad que miente. Bertram le pide que ayude al proyecto enciclopédico con su conocimiento extremo del nuevo lenguaje de las calles. La cabaretera accede sólo para esconderse durante unos días del más que seguro acoso de la policía y los jueces, habida cuenta de que va a ser citada como testigo contra un importante capo. Bertram termina enamorándose de ella, el resto de los profesores se dejan llevar por la frescura de la joven y el espectador desde la comodidad de la butaca, asiste entonces a un vigorizante lance en clave de comedia, perpetuo y delicioso. Ball of Fire es una comedia pura, con enredos y desencuentros, nudos y guiños, malos entendidos y final feliz.
Hawks nos premia con la felicidad, desplegando una galería de personajes llenos de energía, pese a que alguno de ellos ronde los ochenta años.
Gran exégesis general, en donde todas las piezas cuadran con exactitud.
Eterna la escena musical del Drum Boogie, con la orquesta de Gene Krupa y Barbara Stanwyck bailando con maestría, aunque la voz original en la canción pertenezca a la cantante tejana Martha Tilton. Excelente también la interpretación a capella que realizan todos los profesores de la canción tradicional "Sweet Genevieve" (George Cooper/Henry Tucker) en homenaje espontáneo a la esposa fallecida de uno de ellos. Hawks tenía la costumbre de incluir en sus películas canciones populares, y Ball of Fire no supone una excepción en ese aspecto.
Además del dúo protagonista, son también geniales las actuaciones del actor inglés Aubrey Mather (Doctor Peagram), de la canadiense Kathleen Howard (Miss Bragg, el ama de llaves que mima a los profesores) y del vienés Oscar Homolka (encargado de dibujar al profesor matemático Gurkakoff).
Ball of Fire es una comedia para enmarcar, romántica, original y dotada de unos diálogos de los que ya no existen en el universo del cine.
Imprescindible.

BALL OF FIRE (1941). Director : Howard Hawks. Guión : Billy Wilder y Charles Brackett, en base a una historia de Billy Wilder y Thomas Monroe. Producción : Samuel Goldwyn. Música : Alfred Newman. Fotografía : Gregg Toland. Montaje : Daniel Mandell. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Oscar Homolka, Henry Travers, Aubrey Mather, Kathleen Howard, S.Z.Sakall, Tully Marshall, Leonid Kinskey, Dana Andrews, Richard Haydn, Allen Jenkins y Dan Duryea. 111´Blanco y Negro. EE.UU. The Samuel Goldwyn Company-Rko Radio Pictures.
Fotografía : Sugarpuss juega con ocho "querubines", mostrándoles sus encantos.