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viernes, 13 de noviembre de 2009

MARNIE.


Hay quien considera Marnie como una de las peores películas de Alfred Hitchcock. La leyenda que circula en torno a su rodaje, desarrollado en varias localizaciones del estado de Pennsylvania, Atlantic City, New Jersey y Virginia; incide en contraponer al excelente director londinense con la actriz de Minnesota Tippi Hedren. Se cuenta que, comenzado el rodaje, Hitchcock hizo proposiciones deshonestas a la rubia intérprete, que fueron rechazadas sin atisbo de duda. Esto enfadó al director que se pasó el resto del tiempo que duró la elaboración del film ninguneando a Hedren, faltándole al respeto e incluso dirgiéndose a ella a través de terceras personas. Leyenda ó realidad, lo cierto es que Marnie no posee el vigor de otras películas del orondo realizador británico. Puede afirmarse que Marnie, que llegó a estar calificada "X" por la censura norteamericana que la calificó de sordida; es el film más fetichista de Hitchcock. Parece como si el gran cineasta hubiera rodado sometido a una obsesión por la actriz principal, desnudando su personaje sin quitarle un sólo trozo de ropa. La escena que abre la trama con Marnie Edgar (Hedren) caminando por un andén, de espaldas a la cámara y portando bajo el brazo un coqueto bolso de mano amarillo es un entremés, que Hitchcock convierte dos escenas más adelante en una ensaladilla de objetos personales, cuando Marnie vacía su equipaje en la habitación de un hotel. Con el cabello teñido de oscuro, Marnie, en la misma escena; cambía de imagen, conviertiéndose al rubio original.
Los propios peinados que luce Hedren en la película, obra del peluquero francés Alexandre; reflejan cierto gusto por el fetichismo, como si Hitchcock fuese una niña y la actriz su muñeca preferida.
Pero lo realmente sordido de "Marnie" no es tanto esta sensación, como la claridad con la que Hitchcock, sin mencionarla; nos traslada la idea de frigidez femenina que distorsiona la existencia de Marnie Edgar. Es especialmente dura la escena del viaje de novios, cuando Marnie intenta sucidarse tras haber tenido contacto carnal con su marido Mark Rutland (Sean Connery) y la vaga idea que subyace en forma de sexo no consentido.
Marnie ha sido definida como una radiografía de la esencia femenina, como un detalle del secreto mejor guardado por las mujeres en general. Y es a partir de aquí cuando la película comienza a reflejar una trama de cleptomanía, que la protagonista padece por culpa de un oscuro suceso durante su infancia.
Personalmente creo que no es esta una de las diez mejores películas de Hitchcock, aunque el tema que desarrolla no sea precisamente fácil de exponer.
Me quedo con Tippi Hedren vestida de amazona, con la virilidad elegante de Sean Connery y con la picante aunque algo infantil personalidad del rol que interpreta la actriz californiana Diane Baker (Lil Mainwaring), circunstancias que destacan del conjunto y que hacen de Marnie una película que da para gastar muchos litros de tinta elucubrando sobre su contenido.
Muy representativa de la última etapa en la carrera del gran realizador.

MARNIE (1964). Director : Alfred Hitchcock. Guión : Jay Presson Allen, basado en una novela de Winston Graham. Música : Bernard Herrmann. Fotografía : Robert Burks. Montaje : George Tomasini. Peluquería : Alexandre. Vestuario : Edith Head y Vincent Dee. Producción : Alfred Hitchcock. Intérpretes : Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Bob Sweeney, Alan Napier y Bruce Dern.
130´Color. EE.UU. Universal Pictures.
Fotografía : Marnie Edgar (Hedren) disparando a su caballo cojo.

domingo, 4 de octubre de 2009

THE TROUBLE WITH HARRY.


Puede que The Trouble With Harry sea uno de los títulos más vilipendiados en la carrera del gran director británico Alfred Hitchcock. Y ello se debe en gran medida a los intentos de la crítica por extraer de su contenido un ramalazo de segundas intenciones por parte del orondo realizador. Desde que vi por vez primera esta película en un cine forum de versiones originales, supe que la mejor disposición del espectador cuando se sienta frente a este altar del absurdo debe ser la más sencilla : ver, oir y callar. Intentar el juego de la interpretación filosófica de todo lo que Hitchcock expone en esta trama es casi tan absurdo como el ejercicio que se activa desde el primer segundo de proyección. He leido muchas críticas presumidas de The Trouble With Harry que incluso han llegado a mencionar a Ionesco, como si Hitchcock tuviera alguna intención de rendir un homenaje al mejor dramaturgo del absurdo de la historia de la literatura. Cierto es que enterrar y desenterrar un cadáver cuatro veces seguidas, culpabilizar a alguien de un crimen que en realidad fue infarto y colar diálogos repletos de insensata comicidad en un guión descabellado puede parecer presuntuoso, sobre todo cuando uno se gira hacia atrás en la oscuridad de la sala de proyección y no ve más que bocas abiertas. ¿Quiso Hitchcock gastarnos una broma?. ¿Pretendió trasladarnos un mensaje oculto y encriptado bajo los fotogramos coloristas del Vermont otoñal?.
The Trouble With Harry narra las peripecias de un grupo de personajes, enlazados entre si en un paisaje rural, que se topan con un cadáver en pleno bosque y que de un modo u otro lucharán por demostrar su ausencia de culpabilidad en el presunto crimen. El Capitán Wiles (Edmund Gwenn), el pintor Sam Marlowe (John Forsythe), la casta solterona Ivy Gravely (Mildred Natwick), la bella y disparatada Jennifer Rogers (fasntástico debut cinematográfico de una veinteañera Shirley MacLaine) y hasta el pequeño Arnie (hijo de la anterior interpretado por Jerry Mathers) presentan en escena una colección variopinta de personajes, cuyo universo parece ridículo, aunque en realidad se mueva por el impulso del miedo al castigo y al descrédito personal. Tras la capa del absurdo, Hitchcock pincela una situación lógica, que sirve de contrapeso a la sensación de humor negro, característica esta innegable en el film. La lógica de The Trouble With Harry va unida a la propia condición humana y al afán por sobrevivir a la culpabilidad que sobreviene en un grupo de personajes tan inocentes como el vuelo de una mariposa en plena campiña.
The Trouble With Harry, lejos de ser la mejor película del genio inglés; es un interesante canto a la simplicidad humana, a la inocencia, y al costumbrismo, adornado con el color marrón otoñal y una gran dosis de comicidad casi infantil.
Genial.

THE TROUBLE WITH HARRY (1955). Director : Alfred Hitchcock. Guión : John Michael Hayes, basado en una novela de Jack Trevor Story. Música : Bernard Herrmann. Fotografía : Robert Burks. Montaje : Alma Macrorie. Producción : Alfred Hitchcock. Vestuario : Edith Head. Dirección artística : Hal Pereira y John B.Goodman. Intérpretes : Edmund Gwenn, John Forsythe, Mildred Natwick, Mildred Dunnock, Shirley MacLaine, Jerry Mathers, Royal Dano y Dwight Marfield. 99´Color. EE.UU. Paramount Pictures-Alfred Hitchcock Productions.
Fotografía : Shirley MacLaine, John Forsythe, Mildred Natwick y Edmund Gwenn : nunca un cadáver fue enterrado y desenterrado tantas veces en la historia del cine.

sábado, 15 de agosto de 2009

JASON AND THE ARGONAUTS.


Apolonio de Rodas, poeta griego autor de la épica composición Argonáuticas, trazó en su legendaria obra lo que constituye el zócalo principal de la película Jason And The Argonauts, dirigida por el realizador inglés Don Chaffey en 1963. Un lienzo con vocación de epopeya sugerente, matizado por la presencia portentosa de los caprichosos dioses del monte Olimpo. Son precisamente las deidades, quienes constituyen uno de los referentes cualitativos de la historia, parapetadas en las geniales interpretaciones de la actriz londinense Honor Blackman, que encarna a la traviesa Hera, y el actor irlandés Niall MacGinnis, enmarcado como el sobrio Zeus.
La historia comienza cuando el heredero de un trono arrebatado por la fuerza, decide emprender el rescate de la corona usurpada, siguiendo los preceptos del Dios Zeus. Su primera misión, antes de matar al intruso advenedizo, será localizar el paradero del mítico vellocino de oro, regalo del Olimpo al pueblo de Colquia, que gracias al presente ha logrado altas cotas de bienestar. El legítimo Rey de Tesalia recluta una partida de valerosos atletas griegos con los que inicia un periplo marítimo no exento de peligros. El guión de Jason And The Argonauts, construído por el londinense Beverley Cross y el escocés Jan Read, arma la leyenda de un conspicuo caparazón fantástico, aduciendo para ello la inevitable presencia de aparatosos seres mágicos, algunos de ellos dotados de tenebrosos instintos, cómo si fueran instrumentos diabólicos que se cruzan en el camino del héroe. Son símbolos, pruebas que el titán debe superar, con el objetivo final de alcanzar los designios divinos que para él han sido reservados.
El californiano Ray Harryhausen, uno de los mejores artesanos en efectos especiales de la historia del cine; realizó en esta pieza de colección uno de sus más originales trabajos, volcándose en la creación de unos seres surgidos de un universo paralelo. Destaca sobre todos, la legión de esqueletos con la que Jason (encarnado por el actor estadounidense Todd Armstrong) debe librar una peculiar lucha a espada, sin obviar la ácida presencia de dos diablesas aladas que disfrutan atormentando a un invidente. Son inocentes efectos en su forma, pero están trazados con especial empaque creativo. Harryhausen fue un adelantado a su tiempo, aportando una colección de estampas, que aunque con el paso de los años puedan resultar insuficientes, resumen de un modo objetivo la calidad artífice de quién puede ser considerado como un genial precursor. Tampoco es elemento menor la portentosa motilidad de Tasos, una gigantesca estatua de bronce, que la emprende con el grupo de intrépidos navegantes.
La epopeya marítima está realizada con esmero narrativo, destacando la cuidada banda sonora a cargo de Bernard Herrmann y la belleza de la actriz principal, la norteamericana Nancy Kovack, que encarna a la sacerdotisa Medea.
El Destino como regla inquebrantable en el devenir humano y los Dioses que manejan los hilos de nuestras vidas, son los dos ingredientes básicos de esta bonita película de aventuras.
Meritoria.

JASON AND THE ARGONAUTS (1963). Director : Don Chaffey. Guión : Jan Read y Beverley Cross, inspirado en una obra poética de Apolonio de Rodas. Música : Bernard Herrmann. Montaje : Maurice Rootes. Fotografía : Wilkie Cooper. Producción : Charles H.Schneer. Efectos especiales : Ray Harryhausen y Arthur Hayward. Intérpretes : Todd Armstrong, Nancy Kovack, Gary Raymond, Laurence Naismith, Niall MacGinnis, Honor Blackman, Michael Gwynn y Douglas Wilmer. 104´Color. EE.UU.-UK. Columbia Pictures-Morningside Productions.
Fotografía : Jason (Todd Armstrong) combate cuerpo a cuerpo contra un ejército de esqueletos.

sábado, 20 de junio de 2009

TAXI DRIVER.




Paul Schrader, guionista y director norteamericano dió forma en 1970 al libreto original de Taxi Driver, película realizada por Martin Scorsese, que en tono decadente narra las desventuras urbanas de un veterano de la guerra de Vietnam, reciclado como taxista nocturno de la ciudad de Nueva York. La aspereza de los espectáculos violentos y desabridos que contempla mientras conduce su vehículo por las calles y avenidas de la Gran Manzana provocan en el chófer un sentimiento de rechazo, que va recrudeciéndose hasta alcanzar la respuesta extrema, ayudado por el uso de armas, adquiridas a un displicente traficante. Un generoso y camaleónico Robert De Niro recrea a Travis Bickle, construyendo un personaje harto de aguantar la cercanía de seres que parecen salidos de las cloacas, drogadictos y macarras; putrefactos individuos que dedican su existencia a llenar la ciudad de vicio y corrupción. Las quejas que Bickle llega a transmitir al candidato presidencial Palantine (Leonard Harris) cuando este monta por casualidad en su taxi, funcionan como reguero de pólvora hasta despertar a la bestia dormida, que Bickle lleva dentro. Tras contactar con un compañero de trabajo, que opina del mismo modo, el taxista concierta una cita con un vendedor de armas, al que adquiere unos cuantos clásicos con los que engordar su incipiente arsenal.
La identidad romántica de Bickle se cruza primero con la ayudante del candidato Palentine, Betsy (Cybill Shepherd); a la que invita a salir, cometiendo el error de llevarle en la primera cita a una sesión de cine porno.
La chica huye de lo que considera una afrenta, dejando al confuso Bickle compuesto y sin novia. Desde ese instante, el protagonista fija su mirada, casi por azar; en una joven prostituta que es maltratada por el proxeneta de turno, Sport; (interpretado por un genial Harvey Keitel). La ramera entabla amistad con el taxista justiciero, que pretende alejarle de la calle, no escatimando medios en el logro del fin.
Iris Steensma (Jodie Foster) es un personaje con encanto especial, que faculta la atención de Bickle y probablemente conduce la película por la senda de los caballeros medievales y las princesas, siendo ella la doncella a rescatar y Bickle el héroe con armadura.
Taxi Driver es una obra depresiva, cáustica, propia de la habitual capacidad creativa de Schrader cuando trata con personajes hundidos en un oscuro pozo de desaliento existencial.
Bernard Herrmann compuso una banda sonora insinuante, acompasada con rigor y encastrada en la naturaleza de la historia. También puede destacarse una breve colaboración rapsoda del cantante alemán Jackson Browne, con el tema "Late For The Sky".
La historia del conductor de taxis más neurasténico en los anales del cine se traduce en un sentimiento de comprensión burguesa hacia quién se queja del estado aberrante de la sociedad, mancillada por los contraproducentes efectos de la degradación humana. Sería hipócrita negar que en más de una ocasión, cualquier ciudadano medio se lamenta por la presencia de prostitución cerca de sus hogares, por la violencia que invade las calles de cualquier núcleo urbano ó por la simple constatación de que la especie humana es incapaz de vivir sin caer en la trampa de la tentación carnal y el mercadeo vicioso. Cuando la historia se recrudece es el instante justo en el que el planteamiento inicial hace aguas. La escena en la que Bickle acude al piso del traficante de armas, dispuesto a gastar sus ahorros en pistolas y munición, supone el punto de inflexión de la trama. Iniciar una alevosa cacería de delincuentes es vincular el triunfo de la moral al uso de la violencia, justo la misma que se pretende combatir. Puras contradicciones que hacen de Bickle un personaje desarraigado, marginal y lejano al bienestar social pretendido.
La relación entre Bickle e Iris posee ciertas connotaciones románticas, desviadas de cualquier interpretación sexual, pues lo que busca el taxista, en realidad; es recuperar socialmente a la joven, apartada de sus padres y desamparada en las húmedas calles de Nueva York, al alcance de maleantes desaprensivos. El taxista se comporta como caballero andante, llegando a matar con tal de salvar el honor agraviado de la joven prostituta. Contrasta, en cambio; el fracasado acercamiento de Bickle a la distinguida colaboradora del político, que se cimienta en una atracción física irreprimible.
Taxi Driver mantiene un rigor narrativo adecuado, que la convierte en un película testimonial, pertrechada tras los desencantos post bélicos de Vietnam, en una sociedad norteamericana tan falsa como decadente. La necesaria moralidad, puesta en fuga por modas engañosas, sale a la superficie en un océano de podredumbre. Travis Bickle intenta encabezar la legión de hombres decentes, desviándose por el atajo incorrecto.
Nominada sin premio en cuatro categorías de los Oscar de Hollywood en la edición de 1977 : actor principal (De Niro), actriz de reparto (Foster), música y película.
Galardonada en el Festival de Cine de Cannes con la Palma de Oro en 1976.
Mordaz y lacerante.

TAXI DRIVER (1976). Director : Martin Scorsese. Guión : Paul Schrader. Música : Bernard Herrmann. Fotografía : Michael Chapman. Montaje : Tom Rolf y Melvin Saphiro. Dirección artística : Charles Rosen. Producción : Julia y Michael Phillips.
Intérpretes : Robert De Niro, Jodie Foster, Harvey Keitel, Cybill Shepherd, Albert Brooks, Leonard Harris y Peter Boyle. 113´Color. EE.UU. Columbia Pictures.
Fotografías : La doncella Iris (Jodie Foster) y el caballero andante justiciero Bickle (De Niro), la pareja imposible de Scorsese.

martes, 9 de junio de 2009

THE MAGNIFICENT AMBERSONS.


El escritor norteamericano Booth Tarkington escribió varias novelas que fueron llevadas al cine con especial éxito. Beau Brummel, Magnolia y The Magnificent Ambersons son, a buen seguro, sus tres narraciones más reconocidas.
The Magnificent Ambersons escrita en 1918 y galardonada con el Premio Pulitzer, pertenece a la trilogía Growth, terminada en 1927.
La historia de la familia Amberson tuvo su particular instante de gloria cuando Orson Welles decidió plasmarla en imágenes, a través de un guión escrito por él mismo. El cine de Welles, brillante y categórico como pocos, nunca pecó de estiramientos indebidos. El director de Wisconsin tenía la virtud de la concisión, plasmando con intensidad y corto espacio, lo que otros realizaban con la ayuda obligada de más planos y fotogramas. De hecho The Magnificent Ambersons es un drama familiar que puede recordar a otros ejemplos cinematográficos, que por regla general se rodeaban de ampulosidad decorativa, incidiéndo en detalles nimios y alargando los brazos de un romanticismo empalagoso, hasta convertir la trama en un folletín aparente. Lo que Welles plantea en su película, lo traslada al espectador con la maestría habitual de la que hacía gala, intercalando planos repletos de expresividad, dando cuenta de la personalidad de cada miembro de la familia protagonista de un modo comprometido, exprimiendo sus bondades y defectos sin dejar espacio para la indefinición. Y lo hace en ochenta y ocho minutos (aunque exista también una versión de esas que se bautizan como director´s cut, que prolonga la trama hasta ciento treinta minutos).
La historia comienza cuando el joven inventor Eugene Morgan (Joseph Cotten) intenta contraer matrimonio con la rica y guapa heredera de la familia Amberson, Isabel (Dolores Costello), profesándose ambos un sincero amor. Sin embargo un incidente provocado por el indomable carácter de Eugene, motiva que la joven termine casándose con Wilbur Minafer (Don Dillaway), importante hombre de negocios de aspecto menos apuesto que Eugene, lo que provoca que la gente murmure sobre la sinceridad de la relación. ("Ella no quiere a su marido, seguro que le dará varios hijos y todos ellos serán mal educados, porque Isabel volcará todo su cariño con ellos, ya que hacia su esposo no siente más que aprecio", aventura una comadre en una escena de la película). Cómo cuenta la voz del narrador, el propio Welles, la chismosa sólo se equivoca en el número de retoños, ya que la pareja sólo asiste a un alumbramiento, el de George (Tim Holt), un niño que a medida que crece, demuestra un comportamiento insolente y altanero. Tras años de ausencia y cuando George se ha convertido en un joven galán, Eugene regresa a la trama, viudo y acompañado de su única hija, la jovial Lucy (Anne Baxter). El inventor ha logrado dar con la clave de la fabricación de un vehículo a motor y solicita fondos para avanzar más en la idea. Lucy y George comienzan una relación sentimental, asistiendo al mismo tiempo a un renovado episodio de amor entre sus padres, lo cuál resulta ser una amenaza para Minafer, que atormentado por sus malas inversiones financieras, muere. La tía de George, Fanny (Agnes Moorehead), que en otro tiempo amó en secreto a Eugene sin ser correspondida, inicia por celos y valiéndose de la inocencia rebelde de su sobrino, una campaña difamatoria contra Eugene e Isabel. La acción prosigue, motivando un desenlace con vocación de moraleja.
Deslumbrantes los actores Tim Holt, Dolores Costello y Agnes Moorehead, así como la puntualmente adecuada música de Bernard Herrmann y Roy Webb y el ejercicio fotográfico de Stanley Cortez, que contó con la ayuda fuera de créditos de Nicholas Musuraca, Russell Metty y el propio Welles.
La firma de Welles se deja ver en secuencias como la del reflejo en la ventana del rostro de George que observa cómo se aleja Eugene por el sendero de la mansión de los Amberson, después de que él mismo le haya expulsado de la casa. Welles usaba los primeros planos de un modo muy personal, lanzándolos siempre en momentos puntuales, obviando mohínes y remilgos en el semblante de los actores, pero dando a entender ideas que debían ser cazadas al vuelo por el espectador. Porque su cine, como el de otros grandes maestros, sugería por encima de cualquier otro verbo.
Estamos ante una obra innovadora, con un original final en el que se hace una presentación pormenorizada de actores, guionista, autor de la novela en la que se basa la película, responsables de sonido y efectos especiales, fotógrafo y cómo no, del propio Welles, escondido tras un micrófono aéreo, que pone fin a la proyección volando hacia el horizonte, rodeado de una simbólica nebulosa. Nominada sin premio en cuatro categorías de los Oscar de Hollywood de 1943. Moralizante, concreta, dramática y social, The Magnificent Ambersons es un ejercicio inmenso de cine, difícil de olvidar.

THE MAGNIFICENT AMBERSONS (1942). Dirección y guión : Orson Welles, basado en una novela de Booth Tarkington. Música : Bernard Herrmann y Roy Webb. Montaje : Robert Wise, Mark Robson y Jack Moss. Fotografía : Stanley Cortez y Orson Welles. Producción : Orson Welles. Efectos especiales : Vernon L.Walker. Intérpretes : Joseph Cotten, Dolores Costello, Anne Baxter, Tim Holt, Agnes Moorehead, Ray Collins, Richard Bennett y Don Dillaway. 88´Blanco y Negro. EE.UU. Rko Radio Pictures-Mercury Productions.
Fotografía : Dolores Costello y Tim Holt, madre e hijo en un drama con la impronta personal del gran Welles.