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martes, 6 de abril de 2010

TOPAZ.


Un análisis pormenorizado del rodaje de Topaz convierte a este film de Hitchcock en una pieza descalabrada, puede que la obra menos brillante del genial realizador británico. Su métrica aparece delante de nuestras retinas distorsionada, deshilachada y a ratos confusa. Cómo botón de muestra cabe citar que se llegaron a rodar hasta tres finales, incluido el aprovechado finalmente; en los intentos frustrados de la productora por encauzar un producto disperso y realizado a golpes de víscera.
Cita Guillermo Del Toro en su libro dedicado a Hitchcock que Topaz es sin lugar a dudas la obra del director inglés que mejor da testimonio del calificativo "cine de secuencias", con el que algunos han definido la obra general del llamado mago del suspense. Y para ello menciona la descripción que Donald Spoto, escritor norteamericano especialista en biografías cinematográficas; realizó sobre la más significativa escena de cuantas aparecen reflejadas en Topaz. La muerte de Juanita de Córdoba (Karin Dor) a manos del cubano Rico Parra (John Vernon) dibujada con el inconfundible punto de vista escénico de Hitchcock es por sí misma, la gran perla que encierra la concha de Topaz. En la escena se mezclan crueldad, intento de perdón, angustia, miedo y desolación final. El justo castigo a la traición confundido con los valores de la resistencia al totalitarismo. Un combate desigual en donde la bella Juanita de Córdoba termina cayendo sobre el suelo con presencia de tablero de ajedrez, como peón caido en plena batalla, deslizando debajo de ella una capa textil purpúrea, que si bien lleva forma de vestido, intenta asemejar la sangre resbalando por el suelo.
Con la cámara grabando desde lo alto, en el techo; la pareja protagonista de la escena se muestra trágicamente coreográfica.
Lo cierto es que la escena fue estudiada hasta la saciedad por el propio Hitchcock, que incluso llegó a utilizar a la responsable del vestuario, Edith Head; para que a través de unos hilos de nylon acoplados de un modo estratégico en los bajos del faldón de Karin Dor, en un momento dado durante su caida, fueran manipulados desde la distancia para lograr el efecto visual deseado.
Por lo demás el rodaje de Topaz fue un completo caos. Ni siquiera estaba cerrado el trabajo de casting cuando la película empezaba a rodarse. Hitchcock nunca se mostró orgulloso de Topaz.
Sin embargo sí es cierto que la química funcionó a las mil maravillas entre Karin Dor y el cineasta inglés. La actriz alemana narró sus experiencias cerca de Hitchcock con una mezcla de comicidad y camaradería, y el propio Hitchcock dijo de ella que era la actriz morena más interiormente rubia que había conocido.
A Topaz le falta orden, posee una parte final narrada con desidia, y se muestra torpe en la mayor parte de su contenido, trazado con un reprochable desdén cinematográfico.
Cabe destacar la breve pero eficaz interpretación que el actor norteamericano Roscoe Lee Browne realiza del astuto espía Philippe Dubois, otro de los pocos puntos brillantes del film.
Sólo para los más fieles seguidores del cine de Hitchcock.

TOPAZ (1969). Director : Alfred Hitchcock. Guión : Samuel A.Taylor, basado en una novela de Leon Uris. Música : Maurice Jarre. Fotografia : Jack Hildyard. Montaje : William H.Ziegler. Vestuario : Edith Head. Producción : Alfred Hitchcock. Intérpretes : Frederick Stafford, Dany Robin, Karin Dor, John Vernon, Roscoe Lee Browne, Michel Piccoli, Philippe Noiret, John Forsythe, Carlos Rivas y Donald Randolph. 143´Color. EE.UU. Universal Pictures.
Fotografía : Juanita de Córdoba cayendo sobre el suelo tablero de ajedrez, (la actriz Karin Dor), asesinada por el cubano Rico Parra (John Vernon).

miércoles, 27 de enero de 2010

THE GLASS KEY.


Basada en una novela homónima del autor norteamericano Dashiell Hammett, publicada el 24 de Abril de 1931; The Glass Key es un film noir potente, recreado con una notable profusión de diálogos y poseedor de un amplio y sugerente reparto, del que sobresalen Veronica Lake, Brian Donlevy y Alan Ladd.
La historia contiene los mejores ingredientes para basar un film de cine negro : buenos y malos, intereses creados, corrupción política y judicial, supervivientes y mafiosos atrapados en una lucha sin cuartel con maniobras ejecutadas desde la oscuridad, pérfidia femenina e inocencia masculina, matones y patrones, un asesinato y el glamour del lujo en contraposición a los bajos fondos.
Alan Ladd interpreta a Ed Beaumont, un superviviente, fiel ayudante de Paul Madvig (Donlevy), hombre fuerte en la sombra de quien pretende tener más poder del que ya tiene. Una mujer, la sensual Janet Henry (Lake); se interpone entre ambos, alejándoles y acercándoles en función del avance de la trama.
Entre medio la figura perversa de Nick Varna, (excelente Joseph Calleia), escoltado por el orondo matón Jeff (magistral también William Bendix) que mantiene con Beaumont un duelo intenso a puñetazos.
No pasa desapercibida tampoco la figura de Eloise Matthews (Margaret Hayes), la mujer del editor de prensa corrupto y débil, que hasta el suicidio de este escenifica con delicada sensualidad un inicio de romance con el sorprendido Beaumont, en una de las escenas más ácidas del film.
Perversa y dramática a ratos, The Glass Key posee el encanto innegable de las producciones negras del Hollywood de los años cuarenta, bañada con gotas de glamour, sacudida por escenas de efectiva violencia y tan venenosa como una serpiente de cascabel.
Veronica Lake aparece en escena con un rostro cargado de expresión sibilina, vestida por Edith Head, hermosa como en tantas otras ocasiones.
Impecable guión y soberbio ritmo narrativo.
Obra maestra de obligada visión para los incondicionales de los film noir.

THE GLASS KEY (1942). Director : Stuart Heisler. Guión : Jonathan Latimer, basado en una novela de Dashiell Hammett. Música : Victor Young. Fotografía : Theodor Sparkuhl. Montaje : Archie Marshek. Dirección artística : Hans Dreier y Haldane Douglas. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Brian Donlevy, Veronica Lake, Alan Ladd, Joseph Calleia, Bonita Granville, William Bendix, Frances Gifford, Richard Denning, Margaret Hayes y Arthur Loft. 85´ Blanco y Negro. EE.UU. Paramount Pictures.
Fotografía : cartel publicitario del film.

viernes, 13 de noviembre de 2009

MARNIE.


Hay quien considera Marnie como una de las peores películas de Alfred Hitchcock. La leyenda que circula en torno a su rodaje, desarrollado en varias localizaciones del estado de Pennsylvania, Atlantic City, New Jersey y Virginia; incide en contraponer al excelente director londinense con la actriz de Minnesota Tippi Hedren. Se cuenta que, comenzado el rodaje, Hitchcock hizo proposiciones deshonestas a la rubia intérprete, que fueron rechazadas sin atisbo de duda. Esto enfadó al director que se pasó el resto del tiempo que duró la elaboración del film ninguneando a Hedren, faltándole al respeto e incluso dirgiéndose a ella a través de terceras personas. Leyenda ó realidad, lo cierto es que Marnie no posee el vigor de otras películas del orondo realizador británico. Puede afirmarse que Marnie, que llegó a estar calificada "X" por la censura norteamericana que la calificó de sordida; es el film más fetichista de Hitchcock. Parece como si el gran cineasta hubiera rodado sometido a una obsesión por la actriz principal, desnudando su personaje sin quitarle un sólo trozo de ropa. La escena que abre la trama con Marnie Edgar (Hedren) caminando por un andén, de espaldas a la cámara y portando bajo el brazo un coqueto bolso de mano amarillo es un entremés, que Hitchcock convierte dos escenas más adelante en una ensaladilla de objetos personales, cuando Marnie vacía su equipaje en la habitación de un hotel. Con el cabello teñido de oscuro, Marnie, en la misma escena; cambía de imagen, conviertiéndose al rubio original.
Los propios peinados que luce Hedren en la película, obra del peluquero francés Alexandre; reflejan cierto gusto por el fetichismo, como si Hitchcock fuese una niña y la actriz su muñeca preferida.
Pero lo realmente sordido de "Marnie" no es tanto esta sensación, como la claridad con la que Hitchcock, sin mencionarla; nos traslada la idea de frigidez femenina que distorsiona la existencia de Marnie Edgar. Es especialmente dura la escena del viaje de novios, cuando Marnie intenta sucidarse tras haber tenido contacto carnal con su marido Mark Rutland (Sean Connery) y la vaga idea que subyace en forma de sexo no consentido.
Marnie ha sido definida como una radiografía de la esencia femenina, como un detalle del secreto mejor guardado por las mujeres en general. Y es a partir de aquí cuando la película comienza a reflejar una trama de cleptomanía, que la protagonista padece por culpa de un oscuro suceso durante su infancia.
Personalmente creo que no es esta una de las diez mejores películas de Hitchcock, aunque el tema que desarrolla no sea precisamente fácil de exponer.
Me quedo con Tippi Hedren vestida de amazona, con la virilidad elegante de Sean Connery y con la picante aunque algo infantil personalidad del rol que interpreta la actriz californiana Diane Baker (Lil Mainwaring), circunstancias que destacan del conjunto y que hacen de Marnie una película que da para gastar muchos litros de tinta elucubrando sobre su contenido.
Muy representativa de la última etapa en la carrera del gran realizador.

MARNIE (1964). Director : Alfred Hitchcock. Guión : Jay Presson Allen, basado en una novela de Winston Graham. Música : Bernard Herrmann. Fotografía : Robert Burks. Montaje : George Tomasini. Peluquería : Alexandre. Vestuario : Edith Head y Vincent Dee. Producción : Alfred Hitchcock. Intérpretes : Tippi Hedren, Sean Connery, Diane Baker, Martin Gabel, Louise Latham, Bob Sweeney, Alan Napier y Bruce Dern.
130´Color. EE.UU. Universal Pictures.
Fotografía : Marnie Edgar (Hedren) disparando a su caballo cojo.

domingo, 4 de octubre de 2009

THE TROUBLE WITH HARRY.


Puede que The Trouble With Harry sea uno de los títulos más vilipendiados en la carrera del gran director británico Alfred Hitchcock. Y ello se debe en gran medida a los intentos de la crítica por extraer de su contenido un ramalazo de segundas intenciones por parte del orondo realizador. Desde que vi por vez primera esta película en un cine forum de versiones originales, supe que la mejor disposición del espectador cuando se sienta frente a este altar del absurdo debe ser la más sencilla : ver, oir y callar. Intentar el juego de la interpretación filosófica de todo lo que Hitchcock expone en esta trama es casi tan absurdo como el ejercicio que se activa desde el primer segundo de proyección. He leido muchas críticas presumidas de The Trouble With Harry que incluso han llegado a mencionar a Ionesco, como si Hitchcock tuviera alguna intención de rendir un homenaje al mejor dramaturgo del absurdo de la historia de la literatura. Cierto es que enterrar y desenterrar un cadáver cuatro veces seguidas, culpabilizar a alguien de un crimen que en realidad fue infarto y colar diálogos repletos de insensata comicidad en un guión descabellado puede parecer presuntuoso, sobre todo cuando uno se gira hacia atrás en la oscuridad de la sala de proyección y no ve más que bocas abiertas. ¿Quiso Hitchcock gastarnos una broma?. ¿Pretendió trasladarnos un mensaje oculto y encriptado bajo los fotogramos coloristas del Vermont otoñal?.
The Trouble With Harry narra las peripecias de un grupo de personajes, enlazados entre si en un paisaje rural, que se topan con un cadáver en pleno bosque y que de un modo u otro lucharán por demostrar su ausencia de culpabilidad en el presunto crimen. El Capitán Wiles (Edmund Gwenn), el pintor Sam Marlowe (John Forsythe), la casta solterona Ivy Gravely (Mildred Natwick), la bella y disparatada Jennifer Rogers (fasntástico debut cinematográfico de una veinteañera Shirley MacLaine) y hasta el pequeño Arnie (hijo de la anterior interpretado por Jerry Mathers) presentan en escena una colección variopinta de personajes, cuyo universo parece ridículo, aunque en realidad se mueva por el impulso del miedo al castigo y al descrédito personal. Tras la capa del absurdo, Hitchcock pincela una situación lógica, que sirve de contrapeso a la sensación de humor negro, característica esta innegable en el film. La lógica de The Trouble With Harry va unida a la propia condición humana y al afán por sobrevivir a la culpabilidad que sobreviene en un grupo de personajes tan inocentes como el vuelo de una mariposa en plena campiña.
The Trouble With Harry, lejos de ser la mejor película del genio inglés; es un interesante canto a la simplicidad humana, a la inocencia, y al costumbrismo, adornado con el color marrón otoñal y una gran dosis de comicidad casi infantil.
Genial.

THE TROUBLE WITH HARRY (1955). Director : Alfred Hitchcock. Guión : John Michael Hayes, basado en una novela de Jack Trevor Story. Música : Bernard Herrmann. Fotografía : Robert Burks. Montaje : Alma Macrorie. Producción : Alfred Hitchcock. Vestuario : Edith Head. Dirección artística : Hal Pereira y John B.Goodman. Intérpretes : Edmund Gwenn, John Forsythe, Mildred Natwick, Mildred Dunnock, Shirley MacLaine, Jerry Mathers, Royal Dano y Dwight Marfield. 99´Color. EE.UU. Paramount Pictures-Alfred Hitchcock Productions.
Fotografía : Shirley MacLaine, John Forsythe, Mildred Natwick y Edmund Gwenn : nunca un cadáver fue enterrado y desenterrado tantas veces en la historia del cine.

viernes, 5 de junio de 2009

LAST TRAIN FROM GUN HILL.


Siempre me fascinó Kirk Douglas, no tanto por el hoyuelo de su barbilla cómo por la capacidad que atesoraba para convertir a sus personajes en homéricos seres, capaces de lidiar con cualquier tipo de enemigo.
Last Train from Gun Hill no es precisamente uno de los mejores veinte western de la historia del género, sin duda porque recuerda en alguna medida a su antecesora 3:10 to Yuma (Delmer Daves,1957) y por ello carece de la frescura que otorgan las nuevas ideas. En realidad esta película de John Sturges afronta el desarrollo de la trama con cierta desgana, pese a que el poderío de su triángulo protagonista es innegable. El director de Illinois abre su discurso con las imágenes de la violación y posterior asesinato de la esposa cherokee del sheriff Morgan (Kirk Douglas) que en compañía del pequeño hijo de ambos regresa de una visita familiar a la reserva a la que pertenece. El rol de la mujer india fue interpretado por la actriz palestina Ziva Rodann. Sturges oculta lo detalles del ultraje, pero aporta toda la tensión necesaria para considerar el delito absolutamente reprobable.
Uno de los dos autores resulta ser hijo de un viejo amigo de Morgan, Craig Belden (Anthony Quinn), potentado latifundista de la región.
Cuando Morgan acude al lugar de la infamia, alertado por su hijo, que antes había huido a lomos de uno de los caballos de los asesinos; descubre además del cuerpo inerte de su esposa, las iniciales impresas en la elegante silla de montar del corcel que responden a la identidad de su antiguo camarada.
Desde ese instante Morgan se obstinará en vengar la muerte de su esposa, siguiendo el camino que marca la ley, dando con los asesinos y llevándolos ante el juez.
Para ello se traslada en el ferrocarril desde la pequeña localidad donde ejerce de sheriff hasta Gun Hill, un lugar en donde la voluntad de Craig Belden se cumple a rajatabla, y en donde el sheriff es un simple empleado más a cargo del terrateniente.
Morgan tendrá que enfrentarse a los hombres de Belden, con la única ayuda de una mujer con pasado, Linda (Carolyn Jones); y contrariado por tener que enemistarse con su mejor amigo.
Sturges nos vende un triángulo poco definido, carente de sentimiento, con dos hombres demasiado duros y obstinados cómo para perder el tiempo cortejando a una inteligente cabaretera. No hay guiños entre Linda y Morgan; pero tampoco existen entre la mujer y Belden, ya que de esta relación se intuyen pasados malos tratos.
Llegados a esta parte de la película puedo concluir que tal vez sea el personaje impreso por la actriz tejana Carolyn Jones, el vértice maestro de la historia, susurrándonos al oido desde el otro lado de la pantalla su condición de mujer maltratada por la vida y los hombres. Frases que salen de sus labios influyen en tal sentido : "nunca he estado sola desde que cumplí doce años", "desde que nací siempre me he visto envuelta en problemas". Cansada, pero sin rumbo en la vida, Linda se gana la complicidad del espectador mostrando una personalidad firme y valiente, desafiando a Belden, pero también a todos los hombres de Gun Hill, cobardes e incapaces de ayudar al justiciero sheriff Morgan.
Y cuando al fin las luces se apagan, nos queda el recuerdo de Linda, postrada sobre los tablones de madera en el andén y en torno a su falda de color burdeos, contemplando el cuerpo yacente de Belden y despidiendo a Morgan, mientras quiere susurrar "llévame contigo", aunque sepa que ella no merece a un caballero.
Entretiene pese a no ser el mejor western de Sturges.

LAST TRAIN FROM GUN HILL (1959). Director : John Sturges. Guión : James Poe, basado en una historia de Les Crutchfield. Música : Dimitri Tiomkin. Fotografía : Charles Lang. Producción : Hal B.Wallis. Dirección artística : Hal Pereira y Walter H.Tyler. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Kirk Douglas, Anthony Quinn, Carolyn Jones, Earl Holliman, Brad Dexter, Ziva Rodann y Val Avery. 95´Color. EE.UU. Bryna Productions-Paramount Pictures.
Fotografía : Kirk Douglas, sólo ante el peligro de Gun Hill.

lunes, 25 de mayo de 2009

BALL OF FIRE.


Lo que más llama la atención de Ball of Fire es sin lugar a dudas la exquisita gama de diálogos que contiene, con rulos, giros, bucles, y juegos de palabras. Después aparece la no menos exquisita Barbara Stanwyck, representando a la reina del burlesque Katherine "Sugarpuss" O´Shea, y la comedia se hace arte. Arte en frescura y simplicidad, demostrando a los cineastas de nuestros días que para atrapar la atención y la euforia del espectador no son precisos fuegos artificiales, sino más bien mucha profesionalidad. Pocas como la Stanwyck son capaces de almibarar las retinas. Escasas fueron las que se apoderaban de la escena con la elegancia de la actriz de Brooklyn, con un poderio físico inconmensurable, ejecutando con soberbio donaire movimientos maravillosos, caminando, riendo y bailando. Pocas actrices dominaban como Stanwyck la precisión escénica, hablando con el cuerpo.
Ball of Fire nos presenta a ocho académicos, hombres de arte y ensayo, reunidos por una fundación (creada por un tal Totten, inventor del tostador eléctrico de pan), para escribir una gran enciclopedia. Entre el grupo de vetustos sabios, se encuentra el joven profesor Bertram Potts (Gary Cooper), especialista en gramática, que tras meses de trabajo, observa con asombro cómo la sociedad norteamericana de la época utiliza otro lenguaje paralelo al académico, que no conoce y que se apresta a investigar con el fin de reflejarlo en la enciclopedia. Para ello sale de las cuatro paredes de la biblioteca en donde ha estado trabajando en compañía de los siete sabios restantes y explora los rincones de la ciudad de Nueva York, pescando gentes y expresiones con las que perfeccionar su estudio y acomodarlo a los nuevos tiempos. Por el camino y en la profunda sima de un club nocturno conoce a Sugarpuss, una muchacha relacionada con la mafia, que canta con la misma calidad que miente. Bertram le pide que ayude al proyecto enciclopédico con su conocimiento extremo del nuevo lenguaje de las calles. La cabaretera accede sólo para esconderse durante unos días del más que seguro acoso de la policía y los jueces, habida cuenta de que va a ser citada como testigo contra un importante capo. Bertram termina enamorándose de ella, el resto de los profesores se dejan llevar por la frescura de la joven y el espectador desde la comodidad de la butaca, asiste entonces a un vigorizante lance en clave de comedia, perpetuo y delicioso. Ball of Fire es una comedia pura, con enredos y desencuentros, nudos y guiños, malos entendidos y final feliz.
Hawks nos premia con la felicidad, desplegando una galería de personajes llenos de energía, pese a que alguno de ellos ronde los ochenta años.
Gran exégesis general, en donde todas las piezas cuadran con exactitud.
Eterna la escena musical del Drum Boogie, con la orquesta de Gene Krupa y Barbara Stanwyck bailando con maestría, aunque la voz original en la canción pertenezca a la cantante tejana Martha Tilton. Excelente también la interpretación a capella que realizan todos los profesores de la canción tradicional "Sweet Genevieve" (George Cooper/Henry Tucker) en homenaje espontáneo a la esposa fallecida de uno de ellos. Hawks tenía la costumbre de incluir en sus películas canciones populares, y Ball of Fire no supone una excepción en ese aspecto.
Además del dúo protagonista, son también geniales las actuaciones del actor inglés Aubrey Mather (Doctor Peagram), de la canadiense Kathleen Howard (Miss Bragg, el ama de llaves que mima a los profesores) y del vienés Oscar Homolka (encargado de dibujar al profesor matemático Gurkakoff).
Ball of Fire es una comedia para enmarcar, romántica, original y dotada de unos diálogos de los que ya no existen en el universo del cine.
Imprescindible.

BALL OF FIRE (1941). Director : Howard Hawks. Guión : Billy Wilder y Charles Brackett, en base a una historia de Billy Wilder y Thomas Monroe. Producción : Samuel Goldwyn. Música : Alfred Newman. Fotografía : Gregg Toland. Montaje : Daniel Mandell. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Gary Cooper, Barbara Stanwyck, Oscar Homolka, Henry Travers, Aubrey Mather, Kathleen Howard, S.Z.Sakall, Tully Marshall, Leonid Kinskey, Dana Andrews, Richard Haydn, Allen Jenkins y Dan Duryea. 111´Blanco y Negro. EE.UU. The Samuel Goldwyn Company-Rko Radio Pictures.
Fotografía : Sugarpuss juega con ocho "querubines", mostrándoles sus encantos.

miércoles, 20 de mayo de 2009

THE ROSE TATTOO.


Anna Magnani fue actriz de intensa capacidad dramática, sublime en los planos cortos y gesticulante cómo pocas. Su nervio interpretativo y una bella fealdad mediterránea le convirtieron en la italiana vociferante por naturaleza. Lejos de los estereotipos provocados por las anatomías de sus compatriotas contemporáneas, Magnani suplía la falta de encantos, con un amplio elenco de guiños, muecas y gestos emparentados con el espíritu femenino de la Italia profunda. Fue el escritor Tennessee Williams uno de los personajes públicos que más ensalzó a la actriz romana, realizando declaraciones que versaban sobre la salvaje belleza de Magnani.
Puede que esta admiración tenga que ver con la película The Rose Tattoo, en la que Magnani esculpió el personaje de Serafina Delle Rose, actuación que fue galardonada con el Oscar de Hollywood a la mejor actriz principal en 1956. Basada en una obra teatral del propio Williams, posteriormente representada en Broadway por Maureen Stapleton; la película se sustenta en una adaptación de Hal Kanter, y en el fortalecido libreto del propio escritor.
La historia nos presenta a Serafina Delle Rose, mujer adiestrada en las tradiciones del Sur de Italia, fiel esposa y esforzada madre, rodeada a diario de las cuatro paredes de su vivienda unifamiliar localizada en Luisiana. El esposo de Serafina, Rosario (Larry Chance) lleva una vida secreta, trabajando como camionero para una empresa frutera y dedicándose al contrabando de licor. Al mismo tiempo mantiene una relación extramarital con una elegante chica de club, Estelle Hohengarten (Virginia Grey); circunstancia esta que Serafina desconoce. La pasión ciega que la mujer siente hacia su esposo deriva en depresión cuando una noche, durante unos de los transportes clandestinos de alcohol embotellado, éste sufre un accidente mortal mientras es perseguido por una patrulla de policía. A partir de ese instante, la vida de Serafina de transforma en un oscuro pozo negro. La relación con su única hija, Rosa, (Marisa Pavan), comienza a degenerar cuando esta conoce en una fiesta colegial al marinero Jack Hunter (Ben Cooper). Tiempo después, y en plena crísis afectiva materno filial, Serafina se topa con Alvaro Mangiacavallo (Burt Lancaster),que le recuerda a su fallecido esposo, y del que se enamora, aunque se esfuerce en aparentar lo contrario. Este hecho coincide en el tiempo con el descubrimiento de la pasada infidelidad de su marido, hecho que provoca un progresivo distanciamiento del recuerdo honorable que profesaba hacia él.
Es magnífica la escena en la que Serafina, recelosa respecto a las intenciones que el joven Hunter tiene para con su hija, obliga al joven, previo interrogatorio severo; a arrodillarse ante una imágen de la Vírgen y jurar que mantendrá a salvo la inocencia de la joven Rosa. Tampoco tiene desperdicio la escena en la que Mangiacavallo, intentando atraer la atención de Serafina, se pone a torear una cabra en pleno jardín, aplastando todos los tomates de la familia Delle Rose.
El director Daniel Mann juega con el rol editado por Magnani, con esa fructífera esencia italiana de la mujer de escasa cultura, trabajadora hasta la extenuación, (Serafina regenta un encubierto negocio de modista), de extracción rural y sometida a la religión y las tradiciones. Williams idealiza en su historia la estampa del matriarcado sumiso, un referente que sitúa al varón como estandarte familiar, dejando para la profundidad del hogar el liderazgo materno.
La joven actriz Marisa Pavan, nacida en Cagliari y hermana gemela de la también actriz Pier Angeli, realiza un enorme trabajo, repleto de carácter y sensualidad. La hija de Serafina representa el cambio generacional, la ruptura comedida con las arcaícas costumbres sicilianas. Burt Lancaster, en cambio; parece exagerado, en un rol difícil de manejar, sobre todo cuando enfrente se tiene a la gran Magnani. El vals interpretativo se tranforma en rock´n´roll, dejándose llevar por las piruetas mímicas de la actriz del Latium. Y en ese aspecto, Lancaster no sabe llevar el ritmo adecuado.
Fue rodada en los Cayos de Florida y premiada con tres Oscar de Hollywood, además del concedido a la actriz protagonista; los correspondientes a mejor fotografía y mejor dirección artística. Magnani logró más galardones, entre ellos el del Círculo de Críticos Cinematográficos de Nueva York.
The Rose Tattoo debe contemplarse con la retina centrada en Anna Magnani, que realiza uno de sus más apoteósicos dibujos, fortaleciendo con su presencia el ritmo del film, conjugando penas y alegrías de un modo soberbio. Lección magistral de interpretación por parte de Magnani, en una película correcta en estructura, ritmo narrativo y fondo argumental.
Muy recomendable.

THE ROSE TATTOO (1955). Dirección : Daniel Mann. Guión : Tennessee Williams, basado en su propia obra teatral y bajo la adaptación de Hal Kanter. Música : Alex North. Fotografía : James Wong Howe. Montaje : Warren Low. Producción : Hal B.Wallis. Vestuario : Edith Head. Dirección artística : Hal Pereira y Tambi Larsen. Intérpretes : Anna Magnani, Burt Lancaster, Marisa Pavan, Ben Cooper, Virginia Grey, Jo Van Fleet, Mimi Aguglia, Larry Chance y Sandro Giglio. 117´Blanco y Negro. EE.UU. Paramount Pictures.
Fotografía : Serafina Delle Rose (Anna Magnani) busca sentido a su vida.

lunes, 18 de mayo de 2009

ELEPHANT WALK.


Alguién me dijo una vez que lo único verdaderamente relevante de Elephant Walk es el estupendo vestuario con el que Edith Head engalana a Liz Taylor. Cierto es que el esplendor natural de la actriz londinense se realza a lo largo de la película con una sublime colección de vestidos y camisones dignos de aplauso. Ayer vi Elephant Walk por tercera vez en mi vida. La primera data de cuando no pasaba de diez años. Niño aún, me quedé impresionado con la visión de una manada de elefantes caminando por el ampuloso salón de los Wiley, localizado en una impresionante mansión de Ceylan. Es lo único que almacenó mi infantil memoria. La segunda hace tres ó cuatro años en versión video doméstico. La película en si me resultó aburrida, con unos efectos visuales trasnochados y con el único aliciente de los ojos violeta de Taylor destacando desde los fotogramas sin competencia alguna. Aunque Vivien Leigh fue la primera Ruth Wiley, tuvo que ser sustituida por Taylor con el rodaje empezado. Dice la leyenda que en algunos planos largos de la película es Leigh quién aparece, y no Taylor; esbozando a la protagonista.
Ayer cuando terminó la película, intenté, pero no logré; ser complaciente con William Dieterle, su director. Es evidente que las intenciones de la historia se presentan en bandeja de plata, pero el resultado final dista mucho de ser convincente. Peter Finch, Liz Taylor y Dana Andrews forman un triángulo amoroso de pobre empaque. Los diálogos entre el matrimonio Wiley resultan en exceso dulzones cuando se aman, y demasiado teatrales cuando discuten. Todo parece trazado desde la lejanía, sin profundidad. Los personajes carecen de vigor y el tercero en discordia, Dick Carver (Dana Andrews) se diluye desde el primer segundo de acercamiento a Ruth Wiley. Parece como si Elizabeth Taylor les robara todo el protagonismo, toda la luz de la cámara, sólo por ser la única mujer con relevancia en la trama.
Elephant Walk es un producto fatuo en detalles pero carente de contenido. A ratos funciona como un dominó al que le faltan fichas y sólo la estética del vestuario y del hermoso lujo colonial conceden al producto leves gotas de atractivo.
Debo destacar al actor birmano Abraham Sofaer, que encarna al fiel sirviente Appuhamy, y que a ratos sirve de contrapunto a la debilidad del resto de actores masculinos.

ELEPHANT WALK (1954). Director : William Dieterle. Guión : John Lee Mahin, basado en una novela de Robert Standish. Productor : Irving Asher. Música : Franz Waxman. Fotografía : Loyal Griggs. Montaje : George Tomasini. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Elizabeth Taylor, Peter Finch, Dana Andrews, Abraham Sofaer, Abner Biberman y Leo Britt. 103´Color. EE.UU. Paramount Pictures.
Fotografía : El trio protagonista enfrentado a los elefantes y a su propia existencia.

martes, 12 de mayo de 2009

I WALK ALONE.


La obra teatral Beggars Are Coming to Town, escrita por el norteamericano Theodore Reeves inspiró la adaptación de Robert Smith y John Bright, así como el posterior libreto de Charles Schnee, para que Byron Haskin realizará el sórdido film noir I Walk Alone, estrenado en 1948.
La historia nos relata el regreso a la vida libre de un presidiario, Frankie Madison (Burt Lancaster), tras catorce años de reclusión como reo de un delito de tráfico de licor durante la vigencia de la Ley Seca en los Estados Unidos. Dave (Wendell Corey), antiguo camarada que le ha estado visitando en la cárcel regularmente, trabaja como contable para el antiguo socio de Madison, Noll "Dink" Turner (Kirk Douglas), un individuo ruin e insolente, que sólo se preocupa por el bienestar de su negocio, un club de lujo llamado Regence. Antes de terminar entre rejas, Madison compartía con Turner otro establecimiento venido a menos y que acabó echando la persiana. Ahora el recién llegado reclama a Turner la mitad del Regence, sin que su antiguo socio acceda a ello. Entre medio se encuentra la cándida Kay Lawrence (Lizabeth Scott), una cantante de salón dotada de dulces maneras, que es utilizada por Turner para cualquier misión cuyo resultado final dependa de un hombre. Cuando Kay y Frankie se conocen descubren que tienen puntos en común, y ante la propuesta de matrimonio que Turner acaba de realizar a una altiva dama que frecuenta el club, la joven coplista decide abandonarle para seguir a Madison. El ex presidiario acude una noche al club acompañado de un grupo de gangsters, capitaneado por Nick Palestro (Marc Lawrence), con la intención de romper la baraja y obligar a Turner a cumplir su deuda. Pero Dave expone una compleja tela de araña legal, trazada con alevosas intenciones fiscales, que dificulta los deseos de su amigo. Los hombres de Palestro abandonan a Madison , y este es vapuleado por tres sicarios de Turner dirigidos por el portero del club (Mike Mazurki). Cuando Dave se entera de la agresión sufrida por Madison amenaza a Turner con sacar a la luz el libro b de contabilidad de la empresa. El dueño del Regence decide asesinar al tesorero, utilizando para ello a uno de sus subalternos. De inmediato llama a la policía y responsabiliza a Madison del crimen.
Tres aspectos destacan en esta película de Byron Haskin. Primero, la potencia interpretativa de un sugerente reparto. Lancaster y Scott demuestran un "ángel" privilegiado ante las cámaras, construyendo una pareja redonda. El pasional y terco, ella dulce y bella. Lizabeth Scott porta un semblante angelical, bañado por la inocencia, duro en los instantes dramáticos, perfecto cuando cena en el reservado con Madison (inmensos primeros planos de Haskin) y enamorado en las escenas más románticas. El blanco vestido de noche con abertura en la espalda que luce la actriz en varias secuencias del film, obra del exquisito gusto diseñador de Edith Head, es un clásico más de las noches de gala del Hollywood de los años cuarenta. Puro glamour engarzado en la estilizada anatomía de Scott. La canción Don´t Call It Love, compuesta por Allie Wrubel, que Kay interpreta melosa en dos momentos distintos de la trama; es un brillante complemento que desliza en nuestros oidos la dulce frase "un beso, un suspiro y un adiós".
Segundo, el valor de la amistad y la fidelidad, como principios básicos en un hombre que de tal se precie. Dick Turner carece de ellos por completo, mientras que Madison los enaltece.
Tercero, el escenario que crea Haskin, pleno de glamour. Los elementos básicos del género negro se entremezclan con privilegiada soltura. El bueno de oscuro pasado, el malo de presente mezquino y la joven cantante con piano de cola que se aleja del tópico de femme fatale, exhibiendo en su lugar una personalidad compasiva. Este puede ser uno de los ingredientes menos tradicionales del género, aunque la bondad de Kay Lawrence no rechina en los engranajes de la historia, y por contra la dota de sensualidad.
I Walk Alone es un película intensa, dispuesta con esmero, que seduce durante noventa y siete minutos, fascinando por la sobriedad del relato y un cierto aroma de whisky y nicotina. Ejemplo fascinante del cine negro de los años cuarenta, que mantiene firme la intensidad pese al paso del tiempo.

I WALK ALONE (1948). Dirección : Byron Haskin. Guión : Charles Schnee, basado en una adaptación de la obra teatral de Theodore Reeves, Beggars Are Coming to Town, realizada por Robert Smith y John Bright. Música : Victor Young. Fotografía : Leo Tover. Producción : Hal B. Wallis. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Burt Lancaster, Kirk Douglas, Lizabeth Scott, Wendell Corey, Kristine Miller, George Rigaud, Marc Lawrence, Mike Mazurki y Gino Corrado. 97´Blanco y Negro. EE.UU. Paramount Pictures.
Fotografía : Lancaster y Scott, una pareja de cine.