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viernes, 5 de junio de 2009

OVIEDO EXPRESS.


Empieza Gonzalo Suárez, (en los últimos tiempos más preocupado por dedicarse a la agitación política con la que lograr subvenciones, que a realizar buenas peliculas); su narración con una advertencia salida, en realidad; de la muy fructífera mente del escritor Mark Twain : "Las personas que traten de encontrar alguna alusión en este relato serán sometidos a juicio. Las que traten de buscar en él alguna moraleja serán desterrados. Los que intenten hallarle trama serán fusilados".
Cómo quiera que ni me he topado con alusiones, mucho menos moralejas, y no he hallado trama alguna; tras masticar y no digerir el salpicón blando de mariscos mal aliñado que nos quiso preparar el director ovetense, me niego a escribir más sobre esta deficiente colección de imágenes pagada, para más desgracia, con el dinero de todos los españoles; burgueses recalcitrantes que a diferencia de los intelectuales fatuos, trabajamos sin desmayo de sol a sol.
Simplemente para hacerme servicio propio sirva esta frase : "No hay nada más parecido a un cementerio que una biblioteca, y nada más diferente del cine que una enfermiza obsesión por la relatividad, el sexo gratuito y el resentimiento personal plasmado en imágenes inconexas".
Por último, más que consejo un ruego dirigido a la gran actriz Bárbara Goenaga. De ahora en adelante, elija usted mejor sus papeles y los directores con los que trabaja.

OVIEDO EXPRESS (2007). Dirección y guión : Gonzalo Suárez, inspirado libremente en un relato de Stefan Zweig. Música : Carles Cases. Fotografía : Carlos Suárez. Montaje : Celia Cervero. Producción : Juan Gona. Intérpretes : Carmelo Gómez, Aitana Sánchez-Gijón, Bárbara Goenaga, Maribel Verdú, Najwa Nimri, Jorge Sanz, Victor Clavijo y Abel Vitón. 109´Color. España. Gonafilm SL.
Fotografía : Bárbara Goenaga, en la historia Emma; mal aprovechada aunque sea la única que se salva de la ruina total que supone Oviedo Express.

DAVID CARRADINE (Hollywood,1936-Bangkok,2009).



Se fue el hijo de John, y hermanastro de Keith y Robert. Nadie sabe cómo, David, al que muchos seguirán llamado Kung-Fú para toda la eternidad; fue hallado muerto en una habitación del hotel Nai Park Lert de Bangkok. No interesa saber los motivos de su fallecimiento, lo que deja John Arthur Carradine (su auténtico nombre) es un legado de más de doscientas actuaciones entre cine y televisión.
Todos recordaremos siempre al monje shaolin chino-estadounidense Kwai Chang Caine y al más reciente Bill, de la saga Tarantino, Kill Bill.
Carradine rodó a las órdenes de directores del prestigio de Hal Ashby (Bound of Glory, 1976), Ingmar Bergman (Ormens Agg,1977), Walter Hill (The Long Riders,1980) y José Luis Borau (Río Abajo,1984), en una carrera no siempre valorada en su justa medida, en parte por su encasillamiento cómo personaje de artes marciales.
En el instante de su muerte estaba trabajando con el director galo Charles De Meaux, en el rodaje de Stretch.
Descanse en paz.

Contenido del clip : Imágenes de la serie Kung Fú, con David Carradine y su maestro, interpretado por el actor chino de nacimiento, norteamericano de adopción, Keye Luke.

FRANTIC.


Richard Walker (Harrison Ford), prestigioso médico nortamericano viaja hasta París en compañía de su esposa Sondra (Betty Buckley) con dos ideas en la cabeza : dar una charla magistral en un congreso de cirugía y rememorar su viaje de novios. Para sopresa del galeno, pocos instantes después de su llegada al hotel, su esposa desaparece de la habitación mientras él se afeita después de gozar de una reparadora ducha. Al principio piensa que su mujer ha bajado a recepción, pero según transcurren las horas, descubre que ha sido secuestrada por un desconocido grupo de árabes. Una explosiva joven francesa llamada Michelle (Emmanuelle Seigner), involucrada en la historia por haber servido de correo internacional a islámicos intereses portando en su maleta de viaje un detonador nuclear con aspecto de artilugio eléctrico intrascendente; ayudará al desconcertado Walker en sus desvelos por dar con el paradero de su esposa. La confusión de maletas genera el error de identidades y aunque la gendarmería, alertada por la seguridad del hotel; cree en una aventura romántica extramarital de la señora Walker, finalmente intuirá que tras la desaparición se esconde una trama de mayor empaque.
Frantic es una película con visera de thriller suspensivo, en donde se mezclan la sensualidad desbordante de la Seigner con el arrojo prototipo de un hombre acorralado por las circunstancias, en una ciudad cuyo idioma desconoce y la que todo el mundo le toma por lo que no es : un esposo engañado y un intelectual cobarde e incapaz de lidiar con la violencia. El laberíntico enredo y la firmeza de Ford con su interpretación hacen de esta película un relato apabullante, escenificado con un ritmo vertiginoso, gracias al que el espectador se siente conmovido por la peripecia del doctor.
La categoría de director que esgrime Roman Polanski emerge en cada secuencia, dejándose notar de un modo categórico en la parte final, cuando Walker y Michelle acuden al intercambio bajo un puente en la rivera del Sena. Seigner, esposa en la vida real de Polanski, se emplea a fondo, demostrando que detrás de una lindeza femenina se esconde una notable intérprete. Sus carreras por las calles parisinas, calzada con zapatos de tacón son excusa indudable para convertir a la atolondrada e insustancial Michelle en un ingrediente explosivo para el devenir de la trama.
Es destacable también la acertada interpretación que de la canción del platense Astor Piazzolla "I´ve Seen That Face Before-Libertango", realiza Grace Jones, decorando la película con un afrancesado efecto musical.
Siempre se dijo que Polanski posee innegables influencias del cine de Hitchcock, y es evidente que en Frentic se delatan retazos de Torn Curtain y North by Northwest, con visibles paralelismos entre Walker (Ford) y Armstrong (Newman) ó Thornhill (Grant).
Lo que salva a Polanski de otros copiones del maestro del suspense es una gran dosis de criterio personal, más allá del recurrente y poco original plagio escénico que inunda otras películas que se terminan vendiendo como homenajes a Hitchcock.
Interesante, como casi todas las obras del realizador franco-polaco.

FRANTIC (1988). Director : Roman Polanski. Guión : Gerard Brach y Roman Polanski. Música : Ennio Morricone. Fotografía : Witold Sobocinski. Montaje : Sam O´Steen. Vestuario : Anthony Powell. Producción : Tim Hampton y Thom Mount. Intérpretes : Harrison Ford, Emmanuelle Seigner, Betty Buckley, Dominique Virton, Gerard Klein, Dominique Pinon y John Mahoney. 120´Color. Francia-EE.UU. Warner Bros Pictures-The Mount Company.
Fotografía : El Doctor Walker (Ford) y la sensual Michelle (Seigner) escapan por los tejados de París.

LAST TRAIN FROM GUN HILL.


Siempre me fascinó Kirk Douglas, no tanto por el hoyuelo de su barbilla cómo por la capacidad que atesoraba para convertir a sus personajes en homéricos seres, capaces de lidiar con cualquier tipo de enemigo.
Last Train from Gun Hill no es precisamente uno de los mejores veinte western de la historia del género, sin duda porque recuerda en alguna medida a su antecesora 3:10 to Yuma (Delmer Daves,1957) y por ello carece de la frescura que otorgan las nuevas ideas. En realidad esta película de John Sturges afronta el desarrollo de la trama con cierta desgana, pese a que el poderío de su triángulo protagonista es innegable. El director de Illinois abre su discurso con las imágenes de la violación y posterior asesinato de la esposa cherokee del sheriff Morgan (Kirk Douglas) que en compañía del pequeño hijo de ambos regresa de una visita familiar a la reserva a la que pertenece. El rol de la mujer india fue interpretado por la actriz palestina Ziva Rodann. Sturges oculta lo detalles del ultraje, pero aporta toda la tensión necesaria para considerar el delito absolutamente reprobable.
Uno de los dos autores resulta ser hijo de un viejo amigo de Morgan, Craig Belden (Anthony Quinn), potentado latifundista de la región.
Cuando Morgan acude al lugar de la infamia, alertado por su hijo, que antes había huido a lomos de uno de los caballos de los asesinos; descubre además del cuerpo inerte de su esposa, las iniciales impresas en la elegante silla de montar del corcel que responden a la identidad de su antiguo camarada.
Desde ese instante Morgan se obstinará en vengar la muerte de su esposa, siguiendo el camino que marca la ley, dando con los asesinos y llevándolos ante el juez.
Para ello se traslada en el ferrocarril desde la pequeña localidad donde ejerce de sheriff hasta Gun Hill, un lugar en donde la voluntad de Craig Belden se cumple a rajatabla, y en donde el sheriff es un simple empleado más a cargo del terrateniente.
Morgan tendrá que enfrentarse a los hombres de Belden, con la única ayuda de una mujer con pasado, Linda (Carolyn Jones); y contrariado por tener que enemistarse con su mejor amigo.
Sturges nos vende un triángulo poco definido, carente de sentimiento, con dos hombres demasiado duros y obstinados cómo para perder el tiempo cortejando a una inteligente cabaretera. No hay guiños entre Linda y Morgan; pero tampoco existen entre la mujer y Belden, ya que de esta relación se intuyen pasados malos tratos.
Llegados a esta parte de la película puedo concluir que tal vez sea el personaje impreso por la actriz tejana Carolyn Jones, el vértice maestro de la historia, susurrándonos al oido desde el otro lado de la pantalla su condición de mujer maltratada por la vida y los hombres. Frases que salen de sus labios influyen en tal sentido : "nunca he estado sola desde que cumplí doce años", "desde que nací siempre me he visto envuelta en problemas". Cansada, pero sin rumbo en la vida, Linda se gana la complicidad del espectador mostrando una personalidad firme y valiente, desafiando a Belden, pero también a todos los hombres de Gun Hill, cobardes e incapaces de ayudar al justiciero sheriff Morgan.
Y cuando al fin las luces se apagan, nos queda el recuerdo de Linda, postrada sobre los tablones de madera en el andén y en torno a su falda de color burdeos, contemplando el cuerpo yacente de Belden y despidiendo a Morgan, mientras quiere susurrar "llévame contigo", aunque sepa que ella no merece a un caballero.
Entretiene pese a no ser el mejor western de Sturges.

LAST TRAIN FROM GUN HILL (1959). Director : John Sturges. Guión : James Poe, basado en una historia de Les Crutchfield. Música : Dimitri Tiomkin. Fotografía : Charles Lang. Producción : Hal B.Wallis. Dirección artística : Hal Pereira y Walter H.Tyler. Vestuario : Edith Head. Intérpretes : Kirk Douglas, Anthony Quinn, Carolyn Jones, Earl Holliman, Brad Dexter, Ziva Rodann y Val Avery. 95´Color. EE.UU. Bryna Productions-Paramount Pictures.
Fotografía : Kirk Douglas, sólo ante el peligro de Gun Hill.

jueves, 4 de junio de 2009

SERGEANT YORK.


Un diario, el de Alvin C.York, sirvió de guía a Howard Koch, John Huston, Abern Finkel y Harry Chandlee, para dar forma al guión en el que Howard Hawks se amparó a la hora de construir la excelente Sergeant York. Una historia plasmada desde un vértice humanista, salpicada de inocencia campesina y reivindicativa de valores, que exhibe a un soberbio Gary Cooper caracterizado como un hombre de campo esculpido a sí mismo con el cincel de la necesidad. El Alvin York cinematográfico sufre una reconversión personal, apareciendo en un primer instante como agricultor de la América profunda, que en sus ratos de asueto se dedica a las juergas y que incluso llega a incordiar a sus vecinos por culpa de los excesos con el alcohol. La actriz londinense Margaret Wycherly encarna a la madre del protagonista, una señora anciana que vela desde el silencio por la suerte de sus tres hijos. Hawks destaca este personaje con la pretensión de conceder un protagonismo predominante en la trama, dándole toda la importancia que tiene, y que sin duda logra gracias al excelente trabajo de la actriz inglesa. El dibujo de una figura maternal plenamente identificada con las del pasado, mujeres que gobiernan su casa a base de mudo esfuerzo, no es una mera casualidad en la construcción del film. Tampoco es sólo testimonial el papel que ejercita el actor norteamericano Walter Brennan, incorporando al Reverendo Rosier Pile, mentor en la transformación moral de York, y valedor de los cauces religiosos por los que derivará la conducta del protagonista.
Sergeant York es una historia profunda que extrae a cada fotograma gotas de sentimentalismo, desnudando la personalidad de un hombre, que depositado en pleno campo de batalla desde un inhóspito lugar de los Estados Unidos, muestra al espectador cómo se crece en sabiduría y voluntad, apartando las piedras del camino.
York pasa de un ambiente recalcitrante y deprimido a la gloria que da el valor, logrando destruir las líneas enemigas alemanas, acaparando medallas y cimentando el criterio de la guerra justa. Hawks no parece admitir el pacifismo gratuito. En ese sentido, York sufre, nada más llegar al frente, las dudas morales que proceden de la imposibilidad religiosa de matar al prójimo, dispuesto incluso a rechazar un ascenso, cuando sus superiores observan en él una extraordinaria capacidad para manejar el rifle. Esa vacilación desaparece cuando durante su bautismo de fuego, se ve obligado a sacar desde dentro un anhelo heróico que le lleva a causar innumerables bajas en el enemigo.
La película, en fin, acoge la necesidad de la guerra como ingrediente conexo con la propia naturaleza humana. Trágica sí, pero inevitable al mismo tiempo. Y puesto que es irremediable, también debe ser afrontada con el valor propio de un hombre que se precie de tal.
Es justo al final, cuando la guerra termina, y York regresa triunfal a casa, cuando la conciencia del soldado se pone a prueba. Habida cuenta de la fama conquistada, se le ofrecen numerosos contratos publicitarios a cambio de importantes sumas de dinero. El protagonista se muestra inflexible. No recibirá un solo dólar a cargo de la muerte de soldados alemanes caídos bajo el fuego de su fusil. Y es así como la historia acaba hablándonos de dignidad y respeto.
El matiz moral que Hawks encierra en la película puede confundirse con un aparatoso sentido belicista, aunque lejos de caterbas armamentísticas, va al grano con el tema de debate, incorporando modelos cómo el de San Agustín, desarrollando el único aspecto que puede conferir sentido moral a un conflicto armado.
Es relevante también la presencia de la angelical Joan Leslie, el otro pivote en la vida de York, cuando el amor llama a su puerta. El personaje que interpreta la actriz de Detroit, (Gracie Williams), representa uno de los motivos principales en base al que un hombre puede cambiar su vida.
Sergeant York puede definirse como una trilogía : madre, padre espiritual y novia, que ayudan a crecer a un patán hasta convertirlo en un hombre de provecho.
Adecuada banda sonora de Max Steiner y decorosa fotografía del operador siciliano Sol Polito, en una película que debería servir de referencia en las filmotecas escolares y familiares, sobre todo si existen hijos varones en los que reflejar el brillo de tan sugerentes fotogramas.
Dos Oscar de Hollywood en 1942 (Gary Cooper-mejor actor principal-y William Holmes-mejor montaje-).
Desde su sencillez hasta su profundidad, una obra maestra.

SERGEANT YORK (1941). Director : Howard Hawks. Guión : John Huston, Howard Koch, Abem Finkel y Harry Chandlee, basado en el diario de Alvin C.York editado por Tom Skeyhill. Música : Max Steiner. Fotografía : Sol Polito. Montaje : William Holmes. Producción : Hal B.Wallis, Howard Hawks y Jesse L.Lasky. Dirección artística : John Hughes. Intérpretes : Gary Cooper, Joan Leslie, Walter Brennan, George Tobias, Margaret Wycherly, Stanley Ridges, Ward Bond, Noah Beery Jr. y Howard Da Silva.
134´Blanco y Negro. EE.UU. Warner Bros Pictures.
Fotografía : Sargento y caballero, Gary Cooper.

THE LADYKILLERS.


William Rose forjó la hilarante idea, y posteriormente el guión de una de las comedias más divertidas de la historia del cine británico. Un individuo exagerado en prolijidad, Profesor Marcus, (impresionante trabajo de caracterización a cargo del genial Alec Guinness), se establece en régimen de inquilinato en casa de una venerable anciana, Louisa Wilberforce,(no menos colosal Katie Johnson). Lo que parece ser un contrato usual entre dos partes, encierra en realidad mucho más que un simple alquiler de habitación. Marcus es un delincuente fichado por la policía, que se dedica a preparar atracos con el auxilio de una banda. De hecho, al poco de instalarse en la casa, recibe la visita de sus compañeros de tropelías, Claude (Cecil Parker), Harry (un principiante Peter Sellers), One Round (Danny Green) y el recién incorporado al grupo Louis, (caricatamente siniestro Herbert Lom). Marcus ha trazado un plan que parece perfecto, a través del que lograrán atracar un furgón transporte de fondos, burlando a la policía gracias a la involuntaria ayuda de la anciana. El quinteto se hace pasar por un grupo de música clásica, y tras apoderarse de la inocente confianza de la señora Wilberforce, comenzarán a desarrollar su premeditado proyecto delictivo. Todo va bien hasta que las cosas se complican a causa de los comportamientos espontáneos de la anfitriona, que resulta no ser tan cándida como ellos creían.
La clave del film, dirigido por Alexander Mackendrick, además de un consistente libreto, reside en la irrepetible legión de actores que dan vida a los personajes. Colección suculenta de caracteres : la anciana despistada, que termina agotando la paciencia de cualquiera que se cruce en su camino y que maneja perfectamente un perfil de octogenaria inocencia, casi infantil. El delincuente maniático lleno de rictus nerviosos al que Guinness dibuja primero con perfidia para luego darle un toque más divertido. El ladrón bonachón, orondo y galante, cobijado bajo la personalidad falsa de militar retirado. Un ratero sin cerebro con perpetúo aspecto de boxeador, bestia pero con buen corazón. El siniestro asesino de gabardina negra y sombrero ladeado, que porta un afilado cuchillo en su bolsillo. Y por último, el quinto en discordía, el indefinido, burlón y comediante, que parece haber caído del cielo en paracaídas ó ser el elefante que se abre paso por una cacharrería.
El Minueto de Boccherini que se ajusta con acierto absoluto al relato, intensifica el nivel de enredo, planteando el poder del clasicismo musical como ingrediente de valor en el cine.
También la fotografía del checo Otto Heller y la dirección artística del londinense Jim Morahan colaboran a crear un producto de eficiente calidad.
Fino humor inglés, con secuencias inolvidables, cómo el diálogo entre la anciana y Marcus, cuándo este, nada más llegar a la casa observa que los marcos de la pared están torcidos, intentando ponerlos rectos y ante la imposibilidad de lograrlo, cesa en el empeño. Miss Wolberforce, que ha presenciado la escena le dice que están así por las conmociones. El nervioso inquilino le pregunta a qué se refiere exactamente cuando usa esa palabra. Ella le contesta que las conmociones son los bombardeos producidos durante la guerra.
El desenlace final con los cinco delincuentes fuera de combate, y la anciana acudiendo a la policía para entregarse aquejada de un sentimiento de culpabilidad inyectada con intención por los desaprensivos, no tiene desperdicio.
Tampoco pasa de largo el dibujo de la eliminación de uno de los rufianes. Lo que en otro tipo de género sería narrado con violencia, en el film de Mackendrick se desliza como si los personajes estuvieran inmersos en un episodio de dibujos animados. En ese sentido, es especialmente gracioso el final de Marcus, que golpeado por una palanca ferroviaria, cae desde lo alto de un vagón de tren.
Una pequeña joya del cine inglés, sugerente y delirante, descriptiva y bañada por un fino y decoroso humor negro.
Muy recomendable.

THE LADYKILLERS (1955). Director : Alexander Mackendrick. Guión : William Rose. Música : Tristram Cary. Montaje : Jack Harris. Fotografía : Otto Heller. Dirección artística : Jim Morahan. Producción : Michael Balcon y Seth Holt. Vestuario : Anthony Mendleson. Intérpretes : Alec Guinness, Cecil Parker, Katie Johnson, Herbert Lom, Peter Sellers, Danny Green, Jack Warner y Helene Burls. 91´Color. UK. Ealing Studios.
Fotografía : Katie Johnson y Alec Guinness posan en un descanso del rodaje.

miércoles, 3 de junio de 2009

EASY VIRTUE.


Noel Coward fue un dramaturgo, actor y compositor inglés, que obtuvo un Oscar de Hollywood honorífico, en la edición de 1943, por su actuación en la película In Which We Serve (Lean-Coward,1942). Su reconocida homosexualidad, además de un modo de vida entre snob y bohemio, le concedieron cierta fama de artista intelectual e inconformista. El propio título de su obra Easy Virtue (en castellano, algo así cómo "moral distraída"), da cuenta de la personalidad del autor. Fue el maestro Hitchcock, quién primero tomó la letra de la obra teatral en tres actos escrita por Coward, para dar cuerpo a su película homónima que data de 1928.
Nos llega ahora una versión contemporánea de Easy Virtue, realizada con notable desparpajo por el director australiano Stephan Elliott, con la hermosa actriz norteamericana Jessica Biel esculpiendo el papel protagonista, Larita Whittaker; el mismo que en la versión de Hitchcock representó la actriz inglesa Isabel Jeans.
La película de Elliott se mueve en el mundo de la comedia de estilo, bien descrita en ambiente de época, destilando cierto licor de esnobismo entre sus personajes y favoreciendo un desarrollo lineal con leves toques de fino humor y altas dosis de tensión generacional.
Tras varios minutos de metraje, la historia divide a sus personajes en dos universos contrapuestos : el tradicional, puritano e intolerante reflejado en Mrs.Whittaker (genial Kristin Scott Thomas) y su fantasiosa hija Marion (Katherine Parkinson), y el moderno, esnobista y contestatario manifestado por Larita (en su condición de norteamericana, perdida y rebelde dentro de lo que pretende ser una familia tradicional inglesa), Mr.Whittaker ( estupendo trabajo de Colin Firth) y Furber (pícaro el actor Kris Marshall, el mayordomo que comprende a Larita y repudia a su señora, aunque no lo manifieste más que con huidizos gestos que sólo puede ver el espectador). A nosotros nos toca decidir el lado de la balanza, aunque la dirección de la trama ayude a posicionarse sin demasiadas contemplaciones.
Easy Virtue critica la hipocresia, las fachadas que esconden lo mismo que critican, el puritanismo exacerbado y la intolerancia. El duelo entre Biel y Scott Thomas parece dirigido por la típica falta de feeling entre suegra y nuera, aunque a medida que avanza el film, se deducen con facilidad otras discrepancias tales como la profunda animadversión entre las dos mujeres, fruto de unos criterios diversos hacia la vida en familia. De hecho, Larita descubre que tras una fachada de virtud y moral, se esconden secretos de difícil digestión para conciencias puristas.
La actriz Jessica Biel construye un personaje que se gana las simpatías del público, firme, fresco y natural, capaz de ganarse al servicio de la casa sólo con chasquear los dedos.
Easy Virtue posee el encanto transgresor de Noel Coward, autor de la obra teatral que da sustento a la película, y emite un guiño de complicidad cuando Mr.Whittaker y Larita abandonan la casa con rumbo desconocido a bordo del flamante BMW descapotable. El mismo guiño que Furber, complacido con la victoria; lanza con una frase de despedida.
Muy recomendable.

EASY VIRTUE (2008). Director : Stephan Elliott. Guión : Stephan Elliott y Sheridan Jobbins, basado en la obra teatral del mismo título, escrita por Noel Coward. Música : Marius De Vries. Fotografía : Martin Kenzie. Montaje : Sue Blainey. Dirección artística : Mark Scruton. Vestuario : Charlotte Walter. Producción : Joseph Abrams, James D.Stern y Barnaby Thompson. Intérpretes : Jessica Biel, Kristin Scott Thomas, Colin Firth, Ben Barnes, Kimberley Nixon, Katherine Parkinson, Kris Marshall y Charlotte Riley. 97´Color. UK. Ealing Studios-Fragile Films-BBC Films-Odyssey Entertainment-Endgame Entertainment.
Fotografía : El glamour en manos de Larita Whittaker (Biel), al servicio de su joven y embelesado marido (Ben Barnes).

MOVIE SOUNDTRACK : Can´t Fight the Moonlight (LeAnn Rimes)/Coyote Ugly-David McNally,2000.



Contenido del clip : La cantante norteamericana LeAnn Rimes interpreta Can´t Fight the Moonlight, perteneciente a la banda sonora del film Coyote Ugly (David McNally,2000). Se intercalan escenas del propio film.
("Can´t Fight the Moonlight"- Diane Warren, music and lyrics).

QUEEN CHRISTINA.


Opinan algunos que Queen Christina es la mejor película de todas las que rodó la actriz sueca Greta Garbo. Personalmente discrepo de tal apreciación. Todo lo que hizo la Garbo merece el calificativo de mejor. Cierto es que la actuación de la esfinge de Estocolmo roza la perfección. Sin embargo la película del realizador armenio estadounidense, aunque georgiano de nacimiento, Mamoulian; no pasa de ser una aventura con recursos de capa y espada, y envoltorio romántico. Contar con la Garbo en el reparto era, ya de entrada; jugar con ventaja. Su rostro filmado en primeros planos, con esos ojos expresivos y luminosos, representa, aún hoy en día; un referente paradigmático de la elocuencia facial. Frente a ella, John Gilbert, un actor con corte de galán fallecido repentinamente a la edad de treinta y nueve años, que en Queen Christina realizaba, su penúltimo trabajo antes de morir.
Es probable que este film de Mamoulian haya pasado a la galería de momentos inolvidables por la última escena, genial, sencillamente legendaria. La Reina de Suecia, que había renunciado a la corona por amor, plantada en la cubierta del barco que le traslada a España, clavando sus ojos en el horizonte, con una de las más sublimes miradas al infinito de cuántas se han rodado en la historia del séptimo arte. Greta Garbo utiliza los ojos como agente transmisor de sentimientos, cómo si en los segundos que dura la escena, le diera tiempo a pensar en mil cosas, clavando en el corazón del espectador dardos de dolor, desconcierto, impotencia y rabia contenida. Mérito de la gran actriz escandinava, y sin duda también de Mamoulian, que va acercando la cámara al rostro de la actriz con mimo y admiración.
Por lo demás, Queen Christina narra parte de la vida de quién fue soberana del pueblo sueco desde 1632, siendo aún una niña, hasta 1654, año de la abdicación en favor de su primo Carlos Gustavo. Eso sí, el componente amoroso de la historia es pura ficción novelesca, ya que hoy en día no se conocen los motivos exactos por los que la reina decide abdicar, (incluso hay quienes alegan una presunta condición lesbiana de Christina de Vasa y Brandenburgo para dar explicación a su negativa a contraer matrimonio).
El argumento de la película inserta la figura de un enviado del Rey Felipe IV de España, Antonio de Pimentel (Gilbert); que encandila a Christina (Garbo) y que, por su condición de extranjero, no es aceptado por el Consejo Real como futuro rey consorte. Así mismo el film de Mamoulian concede a la reina una fama injustificada de prolífica en amantes.
Las escenas del primer encuentro entre la pareja, que tiene lugar en el dormitorio de una taberna; aportan cierta picaresca a la historia, utilizando Mamoulian el aliciente del engaño,(Christina accede, ante la falta de habitaciones, a compartir cama con el español haciéndose pasar por varón y engañando a todos los presentes, exceptuando a su fiel ayudante Aage, interpretado por el actor londinense C.Aubrey Smith). Cómica la secuencia del descubrimiento por parte de Antonio de la condición femenina de su acompañante de dormitorio.
Intrigas palaciegas, revueltas populares y ante todo la firme personalidad de una reina dan cobertura a este cuadro de Mamoulian, que se sigue con cierto interés, y que dentro de unas cotas apreciables de calidad cinematográfica, merece un estruendoso aplauso dirigido casi exclusivamente a la irrepetible Greta Garbo.
Fascinante.

QUEEN CHRISTINA (1933). Director : Rouben Mamoulian. Guión : Salka Viertel, Ben Hetch y H.M.Harwood, basado en una historia de Margaret P.Levino y Sarka Viertel. Diálogos : S.N.Behrman. Producción : Walter Wanger. Música : Herbert Stothart. Fotografía : William H.Daniels. Montaje : Blanche Sewell. Vestuario : Adrian.
Intérpretes : Greta Garbo, John Gilbert, Ian Keith, C.Aubrey Smith, Lewis Stone, Elizabeth Young y Reginald Owen. 99´Blanco y Negro. EE.UU. Metro Goldwyn Mayer.
Fotografía : Christina de Suecia y el infinito.

martes, 2 de junio de 2009

ESCENAS INOLVIDABLES : Mahalia Jackson canta Trouble of the World (Imitation of Life-Douglas Sirk,1959).



Contenido del clip : La cantante de Louisiana, Mahalia Jackson, interpreta "Trouble of the World", durante el funeral de Annie Johnson (Juanita Moore), en el melodrama Imitation of Life (Douglas Sirk,1959).

IMITATION OF LIFE.


La escritora norteamericana Fannie Hurst fue especialista en conmover los corazones femeninos, durante la primera mitad del siglo veinte. Suyos son títulos de la talla de Back Street, Sister Act ó Imitation of Life. Precisamente esta última novela fue llevada al cine por el realizador alemán Douglas Sirk, experto en melodramas. Se trata de la historia de dos mujeres, viudas y madres, diferentes entre si; que unirán sus vidas por capricho del azar y que se verán atrapadas por el juego de la vida, ese ascensor que nos hace bajar y subir dependiendo de las circunstancias. Lana Turner (Lora Meredith) a sus treinta y ocho años lucía un palmito que para sí quisieran muchas de veinte. La belleza de la actriz de Idaho se muestra con total intención a lo largo de la historia, colaborando junto a una soberbia interpretación en el brillante resultado final. Sin duda, es ella, junto a la californiana Juanita Moore (Annie Johnson), responsable de la carga dramática del film. Ambas mujeres atrapan la atención del espectador en escenas cómo la que nos muestra la muerte de Annie, con Lora a los píes de la cama.
Genial la parte del film que intenta revelarnos los problemas de una actriz en paro, Lora Meredith, cuando busca su hueco en los escenarios de Broadway.
También logrados los momentos en los que la sufrida madre, Annie Johnson, busca a su díscola hija por los antros nocturnos de la Gran Manzana. La vida en estado puro, sin duda.
Imitation of Life es un auténtico melodrama, de los que precisan de un pañuelo para secar las lágrimas vertidas, puede que con un solo punto flaco : la interpretación del galanesco John Gavin (Steve Archer) que no mantiene el pulso con la Turner al lado. Gavin, a ratos, parece perdido, como si la memorable rubia le causara demasiado respeto en las distancias cortas.
Plausibles intervenciones de las jovenes Sandra Dee (Susie Meredith) y Susan Kohner (Sarah Jane Johnson), cara y cruz de una supuesta misma moneda, espíritu cándido la primera, carácter rebelde la segunda.
Colosales escenas del funeral al final de la película, con cuatro corceles blancos recorriendo las calles de Nueva York y genial la intepretación de Trouble of the World, que durante el acto fúnebre realiza la cantante Mahalia Jackson.
Susan Kohner y Juanita Moore fueron nominadas sin premio, para el Oscar de Hollywood de 1960, a la mejor actriz de reparto.
Lacrimógena y plena de intenciones.

IMITATION OF LIFE (1959). Director : Douglas Sirk. Guión : Eleanore Griffin y Allan Scott, basado en una novela de Fannie Hurst. Música : Frank Skinner y Henry Mancini. Fotografía : Russell Metty. Montaje : Milton Carruth. Vestuario : Bill Thomas y Jean Louis. Producción : Ross Hunter. Intérpretes : Lana Turner, Juanita Moore, John Gavin, Sandra Dee, Susan Kohner, Robert Alda, Dan O´Herlihy, Karin Dicker y Troy Donahue. 125´Color. EE.UU. Universal International Pictures.
Fotografía : Madre e hija Meredith (Turner y Dee) enamoradas del mismo hombre, limando asperezas.

THE NUMBER 23.


La creencia sobrenatural de que el número veintitrés es la marca de agua del billete que representa todos los grandes acontecimientos de la historia de la humanidad, es el hilo conductor de esta película, dirigida por Joel Schumacher con más pena que gloria. Aunque gran parte de la crítica culpabilizó al actor protagonista, el otras veces bufo Jim Carrey; de la incontinencia del film, personalmente considero que tal aseveración no hace justicia con la verdadera causa de que The Number 23 resulte vacua. No estamos acostumbrados a tomar en serio a Carrey, pero ello no es óbice para denunciar una falta de métrica narrativa y una superficialidad evidente. El pulso sólido que Schumacher nos ha mostrado en otros films, se convierte aquí en un baile de San Vito mezclado con fuego de San Telmo.
Aventurarse en un tema, a priori; tan fructífero como el de las conspiranoias y la numerología con tan pocos argumentos, es un suicidio.
Incluso podría defender el trabajo de Carrey, lejos de sus habituales muecas caricatas. El actor canadiense se muestra muy metido en el rol de paranóico (no tanto en su doble papel de macarra novelesco) y se intuye, tras de su sombra, la impotencia de un artista encorsetado por las exigencias de un guión miserable.
La película tiene aristas, y no hay ingrediente con capacidad para limarlas a tiempo.
No convencen las escenas que recrea la mente de Sparrow (Carrey) en base al libro que sirve de interruptor a la trama. Pecan de chabacanería, resultan estéticamente despreciables, y no se coordinan con el resto de la acción, apareciéndo como islotes en un mar de intemperancia expresiva.
En resumen, The Number 23 es una película mal estructurada, y ante todo, muy decepcionante.

THE NUMBER 23 (2007). Director : Joel Schumacher. Guión : Fernley Phillips. Música : Harry Gregson-Williams. Fotografía : Matthew Libatique. Montaje : Mark Stevens. Producción : Tripp Vinson y Beau Flynn. Intérpretes : Jim Carrey, Virginia Madsen, Danny Huston, Logan Lerman, Lynn Collins y Rhona Mitra. 98´Color. EE.UU. New Line Cinema-Contrafilm-Firm Films-Fingerling Films.
Fotografía : Walter Sparrow (Carrey) busca una respuesta en su pasado.

lunes, 1 de junio de 2009

GWOEMUL.


Gwoemul es un término que en coreano significa Monstruo. Y la película del realizador Joon-Ho Bong trata precisamente de alertarnos contra los monstruos del mundo, esos que no dan coletazos ni pegan mordiscos con sus grandes colmillos de marfil pero que a través de la irresponsabilidad pueden sumir al mundo en un caos apocalíptico. Muestra de ello es la escena que abre la historia, con el médico que decide vaciar por el desagüe una gran cantidad de botellas de líquido altamente tóxico. Las consecuencias en forma de mutación crean al gwoemul depredador con la especie humana, un animal de terrorífico aspecto y condición anfibia.
Es más que aceptable la parte del film que nos presenta al monstruo y a la familia protagonista. El encuentro del gwoemul con un grupo de ciudadanos de Seúl, en la orilla del río Han, es uno de los momentos más brillantes de la película y anticipa unos efectos visuales nada exagerados, comedidos pero empíricos.
Puede que una de las virtudes de Gwoemul sea precisamente el poco abuso de escenas en las que participa el monstruo, dando mayor relevancia a los protagonistas humanos, algo que por desgracia no suele ocurrir en este tipo de películas.
Bong además mezcla la tragedia con ligeras gotas de humor, en escenas como la del velatorio en donde el abuelo, el padre y los tíos de la niña desaparecida y dada por muerta, parecen derrumbarse entre exagerados gritos de dolor en una pieza de ballet grotesca y amanerada. Se contempla con hilaridad también, la escena en la que un grupo de ciudadanos que esperan el autobús cubiertos por mascarillas que les protegen del virus supuestamente extendido por el monstruo, son rociados por el agua de un charco en el que minutos antes había escupido uno de ellos, aquejado de una molesta tos; todo ello mientras un callejero aparato de televisión alerta a la población sobre el virus que procesa con unos síntomas parecidos a los de la gripe.
Gwoemul es un film carismático, con hechuras; aunque es cierto que hacia la mitad de la historia, el ritmo narrativo sufre un socavón.
Aceptables interpretaciones de Du-Na Bae (certera tiradora de arco) y Kang-Ho Song (el antihéroe propicio).
Sentarse frente a Gwoemul es degustar un plato de cerdo agridulce con guarnición de fideos hervidos, admirar el fino sentido oriental por la fantasía cinematográfica y descubrir que en plena época de digitalización y efectos artificiales, el auténtico sentido del miedo por la supervivencia humana es un firme pilar con proyección dentro del universo del cine. Porque Gwoemul no deja de lado la lectura entre líneas y tal circunstancia, la hace inmune al aburrimiento.
Ganadora de varios premios internacionales, entre ellos los correspondientes al Orient Express Award y mejores efectos especiales, en el Festival de Sitges del 2006.
Recomendable para quienes quieran sentir por momentos el frío aliento del miedo corriendo a sus espaldas, y deseen gozar del buen sentido oriental por una fotografía cinematográfica de calidad.

GWOEMUL-THE HOST (2006). Dirección : Joon-Ho Bong. Guión : Won-Jun Ha, Joon-Ho Bong y Chul-Hyun Baek. Música : Byung-Woo Lee. Fotografía : Hyung-Ku Kim. Efectos especiales visuales : The Orphanage of San Francisco (California). Montaje : Sun-Min Kim. Intérpretes : Kang-Ho Song, Du-Na Bae, Hie-Bong Byeon, Hae-Il Park, Ah-Sung Ko, Paul Lazar y Brian Rhee. 119´Color. Corea del Sur. Chungeorahm Film-Showbox Entertainment.
Fotografía : Corre, corre, que te pillo. Padre e hija intentan escapar de las fauces del gwoemul.

IRON MAN.


El recurso de los superhéroes de Marvel retratados en el cine empieza a resultar chinchorrero. Parece como si las productoras y guionistas de la ilustre Hollywood, carentes de ideas; se dedicaran a rebuscar en el polvoroso baúl de los recuerdos y sacaran a la luz, uno tras otro, a los carismáticos héroes de otra época aderezados con un toque contemporáneo del todo perjudicial.
Iron Man es uno más de la extensa y al parecer, inagotable colección. El hombre de hierro fue creado en 1963 por Stan Lee, Don Heck, Larry Lieber y Jack Kirby y muestra un elevado nivel de inteligencia, aparte de una armadura inquebrantable aunque poco original, y una notable habilidad voladora auxiliada con rayos repulsores de energía.
La película, realizada por Jon Favreau, se pierde en explicaciones y terminología técnica, a través de un despliegue visual repleto de efectos. Resulta aburrida y languida, manifestando una línea narrativa tan plana que provoca somnolencia.
Se echa de menos por parte del director newyorkino un esfuerzo por profundizar en la personalidad del protagonista, que siempre permanece a mucha distancia del espectador. Ni siquiera Pepper Potts (Gwyneth Paltrow), la fiel ayudante del heróico e infatigable Tony Stark (Robert Downey Jr.), sirve de aliciente en una historia demasiado predecible y redicha.
Fría como el hielo, Iron Man es un claro ejemplo de cómo no se debe hacer una película de superhéroes. Sobre todo porque el resultado final termina derritiéndose en los ojos del espectador.
Nominada sin premio en 2009, para los Oscar de Hollywood a los mejores efectos visuales y de sonido. Decepcionante.

IRON MAN (2008). Director : Jon Favreau. Guión : Mark Fergus, Hawk Ostby, Art Marcum y Matt Holloway, basado en los carácteres creados por Stan Lee, Don Heck, Larry Lieber y Jack Kirby (cómic Marvel,1963). Fotografía : Matthew Libatique. Música : Ramin Djawadi. Montaje : Dan Lebental. Efectos especiales : Stan Winston. Producción : Avi Arad y Kevin Feige. Intérpretes : Robert Downey Jr., Gwyneth Paltrow, Jeff Bridges, Terrence Howard, Leslie Bibb, Faran Tahir y Shaun Toub.
126´Color. EE.UU. Paramount Pictures.
Fotografía : El héroe Tony Stark (Downey), Iron Man, con su mano energética.

MOVIE SOUNDTRACK : Flashdance (What a Feeling)-(Irene Cara)/Flashdance (Adrian Lyne,1983).



Contenido del clip : Canción What a Feeling, intepretada por Irene Cara para la película de Adrian Lyne, Flashdance (1983). En las imágenes, la actriz protagonista Jennifer Beals ejecutando unas sensacionales piruetas frente a un grupo de apolillados profesores de danza. La coplilla logró el Oscar de Hollywood a la mejor canción en 1984.
("What a Feeling"-Giorgio Moroder (music)/Keith Forsey e Irene Cara (lyrics)).

YOU CAN´T TAKE IT WITH YOU.


George Simon Kaufman, judio de Pittsburgh; y Moss Hart, un newyorkino de Manhattan; autores teatrales, lograron el Pulitzer con la obra You Can´t Take It With You, estrenada en Diciembre de 1936 en el Booth Theater y que aún se representa con regularidad en todo el mundo.
El éxito propuso el rodaje de una regocijante película, dirigida por el siciliano de nacimiento Frank Capra, que en clave de comedia romántica nos seduce gracias a un ejercicio de explosividad digno de elogio. Lo realmente grande de la versión cinematográfica de You Can´t Take It With You, además de un genial elenco de actores; es el dominio por parte del realizador de las escenas plagadas de actores. Una galeria de excéntricos incombustibles va pasando delante de nuestros ojos, alternando las piruetas de una bailarina de ballet vestida con ropa de casa con la desesperación de un inesperado inspector de hacienda que trata de explicar al contribuyente dónde va a parar el dinero recaudado a través de los impuestos. Por momentos las imágenes en pantalla reivindican el caos cómo ejercicio de hilaridad, explorando un universo disparatado en donde los personajes parecen muñecos salidos de un maravilloso guiñol. Sólo los enamorados, Alice Sycamore (Jean Arthur) y Tony Kirby (James Stewart) simulan guardar las formas.
Extraordinario trabajo en las interpretaciones de Lionel Barrymore (Martin Vanderhof), Mischa Auer (el profesor ruso de ballet Boris Kolenkhov), Edward Arnold (el patriarca Kirby), Donald Meek (Poppins, el fabricante de juguetes y caretas de carnaval) y Ann Miller (la estirada Señora de Kirby).
También podemos observar con deleite a un principiante Ward Bond, metido en los cueros de uno de los oficiales de policía que acude a casa de los Sycamore con el fin de arrestarles por alteración del orden público, y al inefable Harry Davenport dibujando al juez alineado en favor de la divertida familia Sycamore. En muchos tramos de la historia, los secundarios roban todo el protagonismo al dúo de enamorados, y lo hacen gracias a un ejercicio de compromiso con la risa por parte de Capra.
You Can´t Take It With You ejerce de agente transfusor de felicidad, de alegría por la vida sin más responsabilidad que vivir. Es un canto a la vida de barrio, a la familia como centro neurálgico de la sociedad, al humanismo y al espíritu ocioso. Por contra critica el afán por el dinero, el clasismo, y la rutina de una existencia dedicada al trabajo.
El abuelo Vanderhof (Barrymore) no para de darnos magistrales lecciones de cómo se debe huir del stress, provocando la cómplice carcajada en más de una ocasión. Diálogos geniales y un correoso ritmo narrativo hacen de esta película un tesoro, digno de aprecio y sin fecha de caducidad. Fue premiada con los Oscar de Hollywood al mejor director y a la mejor película, en la edición de 1939.
Maravillosa.

YOU CAN´T TAKE IT WITH YOU (1938). Dirección : Frank Capra. Guión : Robert Riskin, basado en la pieza teatral de Moss Hart y George S.Kaufman. Música : Dimitri Tiomkin. Fotografía : Joseph Walker. Montaje : Gene Havlick. Dirección artística : Stephen Goosson. Vestuario : Irene y Bernard Newman. Productor : Frank Capra. Intérpretes : Jean Arthur, James Stewart, Lionel Barrymore, Edward Arnold, Ann Miller, Mischa Auer, Harry Davenport, Spring Byington, Samuel S.Hinds, Donald Meek, Halliwell Hobbes, H.B.Warner, Lillian Yarbo y Ward Bond.
126´Blanco y Negro. EE.UU. Columbia Pictures.
Fotografía : La felicidad tiene rostro : Barrymore, Arnold, Stewart y Arthur.